Archivo de la categoría: 4ª Bandera: Depósito de activos

Esta es la cuarta bandera de los PT: el lugar donde preservan su riqueza, con probadas medidas de privacidad y anonimato. Aqui aportamos algunas ideas sobre ello.

Trusts y Fundaciones: herramientas para la cuarta bandera.

Si bien nuestra intención inicial era describir la interesante oportunidad para establecer nuestra cuarta bandera en las islas Cook, en el Pacífico, hemos visto rápidamente que para una buena comprensión de los motivos y argumentos que se expondrán, era necesario previamente alguna explicación sobre los instrumentos legales que se emplean para depositar nuestros activos en una jurisdicción determinada.

Así pues, mejor dedicar esta entrada “aperitivo” a esos dos instrumentos, ampliamente conocidos en el mundo de las estructuras offshore: los trusts y las fundaciones.

El trust es una figura jurídica procedente del derecho anglosajón. Se trata de un contrato privado por el cual una persona física o jurídica (el “Settlor”) transfiere bienes o derechos a otra persona de su confianza, con el fin de que lo controle y administre en beneficio de terceras personas, normalmente familiares o allegados.

La persona de confianza que administra el trust, en el mundo moderno, suele ser un agente especializado (el “Trustee”’), de cuya gestión se benefician una serie de personas o sociedades designadas en la escritura de constitución del mismo..

Los bienes transferidos al Trustee devienen de su titularidad, pero en beneficio exclusivo de los beneficiarios, frente a quienes ostenta una obligación de tipo personal. El Trustee tiene una propiedad, por ende, nominativa o legal sobre dichos bienes, pero con la obligación de administrarla en pro de los beneficiarios y bajo las prerrogativas estipuladas por el Settlor en el documento constitutivo.

Su primer antecedente histórico lo encontramos en el llamado contrato de fiducia romano, por lo que a menudo la denominada relación fiduciaria se considera sinónimo del trust. No obstante, es en los siglos XII y XIII donde, en el derecho inglés, adquiere sus principales características actuales.

En aquella época era frecuente que caballeros que partían a guerras y cruzadas, transfirieran sus propiedades a un amigo u hombre de confianza. Este debía administrarlas en beneficio de la esposa y los hijos menores de edad del caballero, que en aquella época no podían ejercer el derecho de propiedad directamente. Normalmente también recibía instrucciones sobre cómo proceder en caso de fallecimiento del caballero. Los repetidos abusos que se producían por parte de estos hombres de confianza, hizo que la corte de justicia de la época, la Court of Chancery,  desarrollara una serie de normas para garantizar el cumplimiento de estas relaciones de confianza, que se denominaron como trusts. Es en ese momento cuando adquieren plena validez jurídica.

Resumiendo, estas son las figuras que intervienen en un trust:

  • Otorgante (Settlor): la persona a la que originalmente pertenece el bien y que decide transferirlo.
  • Administrador (Trustee): persona o entidad encargada de administrar el bien.
  • Beneficiario(Beneficiary): la(s) persona(s) designada(s) para recibir las ganancias obtenidas con el bien y, al vencimiento del contrato, el propio bien.
  • Activos(assets): es el bien o bienes objeto del contrato.
  • Escritura de constitución (Trust deed): el contrato privado en el que se recogen las condiciones que debe cumplir el administrador.
  • Protector (Appointor): Es una figura opcional que se puede designar para supervisar al administrador o al que incluso se le puede dar potestad de sustituirlo por otro en caso necesario. Normalmente el protector es una persona de confianza del otorgante, o un despacho profesional especializado.

La clave para comprender el funcionamiento del trust reside en la manera en que la ley inglesa, la Common Law, interpreta el derecho de propiedad. En la Common Law se reconocen dos maneras diferentes de ejercer la propiedad. Por un lado existe el legal ownership o legal estate, es decir, la titularidad o propiedad legal de un bien. Por otro lado, el llamado beneficial ownership o equitable estate, que podríamos definir como el derecho de uso y disfrute. Este concede ciertos derechos sobre el bien a una persona distinta de su propietario legal. El concepto de doble propiedad, aceptado por la ley inglesa y tan diferente a la clásica concepción unitaria e indivisible de la propiedad de el Código Civil español y del derecho continental en general, es lo que hace del trust una herramienta enormemente flexible, con muchísimas posibilidades y aplicaciones.

Así, se produce una situación compleja en la que el administrador es el propietario legal del bien, pero no tiene un dominio completo sobre el mismo, ya que a su vez tiene una obligación personal frente a los beneficiarios. Estos tienen derecho de recibir el bien, en el momento que se haya estipulado en la escritura de constitución, y en algunos casos también a utilizarlo y a disfrutar de él.

Si por ejemplo el objeto del contrato fuese una propiedad inmobiliaria, el administrador figuraría como propietario legal en la escritura de compra-venta. Su dominio sobre la casa no obstante, no sería completo, ya que a su vez tendría la obligación legal de transferírsela a los beneficiarios en el momento que se haya establecido previamente. Por otro lado, los beneficiarios, si se acordó de esa manera, también podrían tener el derecho a disfrutar de la casa, por ejemplo para vivir en ella.

Este tipo de situaciones jurídicas son reguladas y aceptadas con naturalidad por la ley inglesa, y ello es así fundamentalmente por razones históricas.  En la tradición anglosajona, el único dueño absoluto de las tierras era el rey, el cual concedía a sus vasallos el uso y disfrute de las mismas y la facultad de dedicarlas a diversos fines. El propietario último seguía siendo el rey, mientras que sus súbditos se convertían en meros “inquilinos” o “tenants” de las tierras. De este modo, ya en la Edad Media se producía esa distinción entre propiedad legal y beneficial, que comentábamos anteriormente.

Es por ello que el trust es una figura jurídica íntimamente ligada a la Common Law y es aceptado en la mayoría de los países de influencia anglosajona, como lo son los Estados Unidos o los países de la llamada Commonwealth, antiguas colonias británicas. Por el contrario, es inexistente en prácticamente todos los estados que basan sus sistemas legales en el llamado Código Civil o derecho continental, es decir, la mayoría de los países de Europa (entre ellos España) y Latinoamérica. El código civil entiende el derecho de propiedad como un dominio absoluto, en exclusiva, definitivo, y por tanto lo considera como algo indivisible.

En el ámbito internacional, diferentes tipos de trusts sirven para los más variados propósitos: inversiones conjuntas, agrupar las participaciones de pequeños accionistas,  para administrar las inversiones privadas de un cargo público y evitar el conflicto de intereses o para garantizar pagos y transacciones en Internet (escrow).

En el ámbito privado, los trusts suelen utilizarse como alternativa o complemento al testamento o para administrar diferentes intereses privados y familiares. Durante las últimas décadas se ha hecho popular el llamado offshore trust, que recibe este nombre por estar constituido en una jurisdicción offshore. Se emplea sobre todo para proteger el patrimonio personal y familiar frente a potenciales acreedores o posibles demandantes (por diversos motivos como divorcios, conflictos laborales, embargos, etc.), aunque también con fines de planificación fiscal y sucesoria.

Algunas jurisdicciones offshore han promulgado leyes especialmente estrictas y favorables que dotan a los trusts constituidos en su territorio de gran protección y seguridad jurídica. Sin embargo su utilización por parte de ciudadanos residentes en países con legislaciones basadas en el Código Civil, no ha estado exenta de dificultades, aunque esté constituido en el exterior, si el trust maneja bienes y derechos que se encuentran situados en el país de residencia fiscal del otorgante o de los beneficiarios. Por ello también tendrá implicaciones legales y fiscales en dicho país. La falta de reconocimiento por parte de la legislación del país en el cual se encuentran situados los intereses económicos, y la diferente interpretación del derecho de propiedad, puede acarrear serios problemas jurídicos. Estos se producen especialmente en aspectos fiscales, en los relacionados con la transmisión de bienes (especialmente los inmuebles) o en el transcurso de juicios o demandas por cualquier motivo. En este caso las decisiones judiciales, debido a la falta de legislación aplicable, a menudo son imprevisibles y poco favorables.

Para tratar de ofrecer una solución a este tipo de problemas en las jurisdicciones de derecho continental, el 1 de julio de 1985 se presentó en la ciudad de la Haya el “Convenio sobre la ley aplicable a los trusts y su reconocimiento”, el cual entró en vigor el 1 de enero de 1992. Sin embargo, hasta la fecha, pocos han sido los países que lo han ratificado: Holanda, Luxemburgo, Italia y Suiza.

Al margen del tratado, existen actualmente sólo tres países europeos bajo derecho continental que no sólo reconocen al trust, sino que lo han recogido en sus ordenamientos jurídicos. Holanda permite la formación de una versión muy limitada del mismo, Mónaco lo reconoce siempre y cuando haya sido creado fuera de sus fronteras e incluso permite constituirlo dentro del principado, cuando las personas que lo hagan sean ciudadanos de países que a su vez lo permitan también. Esto quiere decir que en la práctica sólo pueden hacerlo los ciudadanos de países anglosajones. El principado de Liechtenstein es la única jurisdicción de derecho civil en Europa, que lo acepta plenamente en su ordenamiento jurídico y permite además su constitución sin limitaciones.

Por otro lado, varios países latinoamericanos, han introducido en sus legislaciones el fideicomiso, una figura jurídica que se asemeja bastante al trust. Sin embargo el fideicomiso, al ser típico de las jurisdicciones de derecho civil, está bastante más limitado en sus aplicaciones. Esto es debido a que no reconoce la existencia de la doble propiedad típica en la Common Law. Por este motivo, su utilización se circunscribe generalmente al mundo de los negocios, en especial para la presentación de garantías en diferentes tipos de transacciones.

En el derecho continental existe, no obstante, una figura jurídica medianamente similar: la llamada fundación privada. Las más conocidas son la panameña y la de Liechtenstein, aunque también existen variantes con más o menos restricciones en diferentes países europeos y caribeños. Estas fundaciones pueden ser empleadas de una manera muy eficiente, para la planificación fiscal y para la protección del patrimonio.  Incluso pueden llevar a cabo, sin mayores problemas, las funciones de un fideicomiso. Es de destacar sin embargo, que su inigualable versatilidad y flexibilidad, hacen del trust anglosajón una extraordinaria herramienta para la gestión tanto de intereses corporativos como privados y lo convierten en una figura jurídica y económica única en el mundo.

Por otra parte, conviene tener presente que no existe un registro central de trusts, con lo que es un instrumento que brinda una máxima confidencialidad entre las partes y terceros al mismo.

En España, la figura del trust no está reconocida jurídicamente. Es decir, no existe una normativa que la ampare, por lo que se trata de una entidad jurídica al margen de la legalidad. No obstante, el uso de trusts offshore es legal siempre y cuando el beneficiario último lo declare a las autoridades fiscales del país en el que reside fiscalmente.

Existen varias jurisdicciones offshore especializadas en la constitución y administración de trusts. Las más conocidas son las Islas Vírgenes Británicas y Nevis en el Caribe, Nueva Zelanda y las Islas Cook. Ahora sí estamos en condiciones de analizarlas en la próxima entrada.

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Cuentas en el extranjero, fin del secreto bancario y otros disparates.

Queridos lectores del blog Perpetuo Turista, creo obligada una disculpa por el largo lapso sin posts, consecuencia de una larga estancia en Latinoamérica, con poco tiempo libre.

Nos hallamos en  época de rendir cuentas con Hacienda y ante las numerosas demandas de lectores del blog, se aprecia la necesidad de retomar el viejo asunto de las cuentas bancarias en el extranjero.

Nunca nos cansaremos de repetir que la finalidad de  disponer de dinero en el extranjero es mitigar el riesgo país.  Y no es ocultarlo a Hacienda, en primer lugar porque cada vez es más difícil, y en segundo porque si se descubre las consecuencias pueden ser muy perjudiciales para nuestro patrimonio.

La fortaleza del Euro ya hace prever que la moneda se derrumbe, pero sigue siendo deseable tener cuentas multidivisa. Los recientes hechos en Cataluña son un claro ejemplo de riesgo país (sin entrar en más juicios al respecto). Se ha demostrado que el Estado puede obligar la voluntad de los ciudadanos mediante su ahogo económico, congelación de cuentas y embargo de activos. Como en el Oeste americano, primero dispara y después pregunta.

También ha habido interés en que los medios difundan que ya no es posible abrir cuentas en el extranjero, que los bancos ya no aceptan a no residentes, que el secreto bancario ha muerto y que tampoco vale la pena arriesgarse porque con los intercambios automáticos de información fiscal (AEOI) ya Hacienda sabe todos los datos.

Si bien todo esto es cierto hasta cierto punto, nada es absolutamente cierto. Y debemos desmentirlo. Se han dicho bastantes disparates, interesados, por supuesto.

En primer lugar, sigue siendo posible abrir cuentas bancarias en el extranjero: Swissquote, Dukascopy o cualquier otro bróker internacional como Interactive Brokers lo demuestran a diario. Otra cosa es que la banca privada de calidad sea cara. CIM Banque, en Suiza, es un ejemplo de banca por internet con múltiples posibilidades, pero cara. Pero hay muchos, muchos otros: DBS en Singapur, Afrasia en Mauricio, Alpine en Liechtenstein, Altajir en Cayman, Capital Security en Islas Cook, Caye en Belize…….la lista es interminable y…si, ofrecen secreto bancario.

Es cierto que el secreto bancario ha muerto en Europa, pero con matices. Cuando se abre una cuenta, por ejemplo, en Suiza, puede elegirse entre que se transmitan tus datos fiscales y movimientos de cuenta a las autoridades de tu país de residencia, o bien que se te retenga un 30% de impuestos sobre tus intereses percibidos, una parte se mandará a la Hacienda de tu país de residencia y otra parte se quedará en la Hacienda suiza, pero manteniendo el secreto bancario. En Suiza, es ley.

Por otra parte, está la Directiva europea sobre el ahorro, que obliga a reportar a las autoridades fiscales del país de residencia del titular la información y movimientos de una cuenta en el extranjero. El antídoto para esta molesta regla es obviamente abrir cuentas fuera de la UE, en Asia, Emiratos Arabes, muy pronto en UK y países afines de la Commonwealth y…….sorpresa….Estados Unidos !

Estados Unidos lleva camino de convertirse en el mayor paraíso fiscal del mundo. Como es ya sabido por muchos, en contraposición a su férrea legislación para detectar y controlar cuentas en el extranjero de ciudadanos estadounidenses (el famoso FATCA), EEUU no ha firmado ningún acuerdo de intercambio de información fiscal con ningún país del Globo, y por supuesto tampoco los CRS (Common Reporting Standards) ni la Directiva europea sobre el ahorro.

Como vemos, sigue siendo posible y relativamente fácil depositar dinero en cuentas bancarias y cuentas de inversión en el extranjero. Para quien aún tenga dudas puede consultar las páginas web de Foster Swiss, Fidusuisse o Breder Suasso, en español, y verá cuántas y cuan estupendas ofertas existen, por un módico honorario. No mantengo relaciones comerciales con ninguno de los tres,

La pregunta entonces es: ¿dónde está el truco?. Pues como no podía ser de otra manera en la residencia fiscal de la persona física. Podemos depositar tanto dinero como queramos donde queramos, pero lo que nos obliga  es nuestra residencia fiscal. En el caso de España, por ejemplo, estamos obligados a tributar por nuestra renta mundial. Y debemos cumplir la ley.

Esto implica que, para una (o varias) cuenta cuyo saldo supere los 50.000 € estamos obligados a formalizar el famoso impreso 720 declarando a Hacienda nuestros haberes. Y aún sin superar este importe, estamos obligados en la declaración de renta a exhibir los intereses percibidos en cada cuenta, si fuera el caso, los cuales tributarán en el apartado de rendimientos del ahorro. Aunque en este caso no hace falta citar procedencia.

De no hacerlo, estamos vulnerando la legalidad, y estamos expuestas al procedimiento sancionador de la misma, sabiendo que las sanciones por este tipo de infracciones son exageradamente elevadas, hasta el punto de que la Comunidad Europea ha llamado la atención al Gobierno de España para que modere los tipos y cuantía de las sanciones.

720 UE

Es así de simple, con lo que quien desee reducir el riesgo país en su patrimonio se ve abocado a sólo tres soluciones.

  • Tener menos de 50.000 € en el extranjero
  • Ocultar ilegalmente su patrimonio y exponerse a ser descubierto y “desplumado” por Hacienda.
  • Dejar de ser residente fiscal en España.

Algunos bufetes de asesores financieros, legales y tributarios lo pueden complicar tanto como quieran a fin de engordar sus honorarios, pero esta es la simple y llana realidad, para todos los ciudadanos de a pie, aquellos que han generado con ímprobo esfuerzo un patrimonio, y no quieren verlo expuesto a los riesgos de un país cuyo gobierno presenta fuertes síntomas de desequilibrio, amén de voracidad fiscal.

 

Nueve jurisdicciones “offshore” poco conocidas

El experto Streber nos habla de algunas jurisdicciones “offshore” que resultan poco conocidas para el público general. Todos oímos hablar a diario de Suiza, Liechtenstein, Singapur, Panamá, Monaco y las islas del Canal o del Caribe, pero algunas de estas también nos pueden resultar de interés:

Samoa
Niue
Nauru
Labuan
Estonia
Uruguay
Comoros
Bahrein
Maldivas

1. Samoa

Samoa es un grupo independiente de islas en el Océano Pacífico Sur, a medio camino entre Hawai y Nueva Zelanda. Samoa se clasificó por primera vez como una jurisdicción extraterritorial al publicar la Ley de Sociedades Internacionales de 1987.

La legislación está redactada de forma tal que es especialmente útil para la protección de activos derivada de la Sección 228 (“Sin confiscación”), particularmente 228 (B), de la Ley de Sociedades Internacionales, que establece cómo se pueden distribuir los activos de la compañía en el caso de un evento especificado. Este evento puede ser cualquier cosa, incluso una orden de un tribunal extranjero o una confiscación.

2. Niue

Niue es un pequeño estado autónomo en asociación libre con Nueva Zelanda. Una isla quizás más famosa por su dominio de nivel superior de Internet ‘.nu’, Niue es otra perla en el Pacífico Sur. Su legislación offshore fue creada en 1994, el mismo año que en las Seychelles.

La Ley de Sociedades Comerciales Internacionales de 1994 (IBC), es muy similar a otras jurisdicciones. El único acuerdo fiscal de la jurisdicción es un tratado de intercambio de información (TIEA) con Nueva Zelanda. Nueva Zelandia actúa en nombre de Niue en asuntos exteriores y en defensa nacional.


3. Nauru

Aquí, cuidado. No sólo nos arriesgamos a cortarnos los pies en las afiladas rocas que rodean la isla. Nauru fue hace algún tiempo el hogar de leyes bancarias extraterritoriales extremadamente laxas, que a principios de la década de 2000 obligó a poner en la lista negra a todos los bancos del país. Se debió a un esfuerzo deliberado del gobierno para impulsar la economía, que de otro modo depende exclusivamente de los recursos naturales.

Debido a la política exterior bastante compleja del país, no ha firmado un solo acuerdo fiscal (TIEA o DTA). La historia del país dificultará la apertura de cuentas bancarias, pero nada es imposible. Nauru ha mejorado significativamente en los últimos años.

4. Labuan

Una provincia autónoma de Malasia cercana a Borneo, Labuan, es el hogar de una de las pocas jurisdicciones restantes con legislación específica sobre compañías holding. Mientras que el régimen de la sociedad holding de Luxemburgo de 1929 finalizó en 2011, la legislación de empresas offshore no comerciales de Labuan sigue siendo sólida.

Labuan es excelente para empresas de cartera, especialmente si hay DTA (acuerdos de doble imposición) que pueda utilizar. Pero hay que tener en cuenta en cuenta que algunos de los tratados fiscales de Malasia excluyen explícitamente a Labuan.


5. Estonia

El más avanzado de todos los estados ex soviéticos, Estonia es liberal y progresista en muchos aspectos. Es interesante como jurisdicción extraterritorial debido a su impuesto único de sociedades. Mientras que otras jurisdicciones gravan a una empresa sobre sus ganancias o incluso su volumen de negocios, Estonia solo aplica impuestos sobre la distribución de las ganancias. Esto lo convierte en una jurisdicción estelar de la compañía controladora. Es un país de la UE con registros públicos de los detalles de la empresa, lo que hace que abrir cuentas bancarias sea muy fácil.


6. Uruguay

Uruguay ofrece una combinación única de fiscalidad  territorial de baja imposición, por la cual las ganancias de fuera de Uruguay están exentas de impuestos, y una alta reputación. Los nombres de los accionistas y directores no figuran en los registros públicos, pero las finanzas de una empresa sí lo están. Esto coloca a Uruguay en un nicho único, en el que las empresas pueden ser anónimas, pero sus finanzas pueden ser inspeccionadas por cualquier persona. Esto hace que abrir una cuenta bancaria sea mucho más fácil en muchos casos, al mismo tiempo que se preserva su privacidad.

El secreto bancario es bastante fuerte en Uruguay.


7. Comoros

Si Nauru sonaba sombrío, bienvenido a una nación insular que autoriza casinos y bancos sin ningún control real. La isla de Anjouan se dedicaba a vender licencias bancarias a cualquiera que pudiera demostrar que tenía unos miles de dólares en reservas de capital. Estos bancos se marcharon cuando Comoros, junto con la Unión Africana, la invadieron y se apoderaron de la isla de Anjouan, que hoy disfruta de un estado mayoritariamente pacífico como provincia autónoma en las Comoros.

Con una empresa internacional de negocios offshore, no residente, creada en las Comoras, no hay impuestos, cero controles, acuerdos de cero impuestos y poderes limitados por parte de las autoridades: Comoros lo tiene todo.


8. Bahrein

Un reino insular semi-totalitario frente a la costa de Arabia Saudita, Bahrein es una de las naciones más ricas del mundo (en renta per cápita) y combina la baja tributación con el estricto secreto bancario.

No hay impuestos corporativos, impuestos sobre la renta, impuestos a las ganancias de capital, controles cambiarios ni limitaciones a la repatriación de fondos, nada. Mientras no hagas nada para ofender al gobierno, estarás bien.


9. Maldivas

Se extiende entre el Mar Arábigo y el Océano Índico, la pobre nación de las Maldivas ocupa uno de los archipiélagos más bellos del planeta, un paraíso de infinitos atolones de  coral, codiciados por el turismo internacional. Depende en gran medida de ese turismo. No hay impuestos corporativos y, por escrito, solo se ha escrito un único tratado fiscal (con la India). El tratado tardó cinco años en entrar en vigor y no cumple con los estándares de la OCDE.

El secreto bancario es estricto, pero las opciones bancarias son limitadas. Si bien el país no tiene impuestos corporativos, hay discusiones sobre la imposición de uno. No está claro en este momento si esta tributación también se aplicaría a las empresas no residentes.

Y faltarían aún algunas más, entre las que destacan Seychelles, Mauricio y algunos emiratos árabes más. Pero esto queda ya para otra ocasión. Feliz semana y feliz 2018!

 

 

Le lectura de este verano

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La lectura de este verano ha estado dedicada al análisis de, a nuestro parecer, una de las mejores obras de denuncia sobre el sistema extraterritorial u “offshore”. Se trata del libro de Nicholas Shaxson titulado “Las Islas del Tesoro”.  Efectivamente, la profundidad de los análisis que contiene, los argumentos vertidos y la profusión inmensa de datos y citas bibliográficas convierten a este libro en una referencia imprescindible para el estudio del mundo extraterritorial.

No en vano, su autor describe con humor como hasta los más arduos defensores del mundo “offshore” le han felicitado por la obra y apenas han podido contraponer argumentos de peso a la exposición realizada.

Y realmente merece todas nuestras felicitaciones y admiración, aunque el motivo de traerlo a nuestro blog es para expresar nuestro desacuerdo con sus conclusiones y sobre todo con las medidas propuestas para atajar el sangrante tema de la evasión fiscal y del escape de grandes fortunas y multinacionales gracias al mundo extraterritorial.

La obra desgrana numerosos casos de uso de las estructuras extraterritoriales para beneficio de grandes fortunas, grandes empresas, dictadores y delincuentes. Por sus páginas desfilan los hermanos Vestey, ilustres precursores en el uso de estructuras “offshore”,  la extinta compañía petrolera francesa Elf y su mundo de corrupción en Africa, la verdad sobre el origen del secreto bancario suizo, las extensiones “offshore” de la gran banca de inversión norteamericana, los amigos de Putin o el propio Meyer Lansky, el legendario mafioso.

Nicholas Shaxson sitúa con acierto el big bang del mundo offshore en el nacimiento del mercado de los eurodólares, de forma similar a como el experto español Juan Hernández Vigueras lo sitúa en el mercado de los petrodólares. Esas masas descontroladas de divisa norteamericana convertida en moneda universalmente aceptada, que debían gestionarse fuera del sistema regulador norteamericano, es lo que dio alas a la industria “offshore”. Pero a quién dio realmente alas fue a la city de Londres, a su establishment, y a su consideración como un territorio autorregulado. El cual a su vez, alentó la construcción de lo que Shaxson denomina “la telaraña”, es decir, el universo de pequeñas jurisdicciones extraterritoriales conectadas de algún modo a Gran Bretaña y permitidas oficiosamente….hasta que Estados Unidos reclamó su puesto.

Efectivamente, no es ninguna novedad que los EEUU son un paraíso fiscal para todo el mundo excepto para sus contribuyentes, que además pagan impuestos estén donde estén, eso sí, con generosas exenciones. Los EEUU no han firmado el AEOI (acuerdo de intercambio automático de información fiscal) tras haber impuesto sanciones a diestro y siniestro en el mundo por incumplir el FATCA (ley de declaración de activos en el extranjero por ciudadanos USA). Realmente vergonzoso, pero ahí está Delaware, Nevada, Wyoming y tantos otros con secreto absoluto.

La city de Londres es el verdadero corazón del mundo “offshore”, por donde se canalizan los mayores flujos de capitales, en un ambiente de secretismo y desregulación total. Shaxson dedica una parte notable del libro a desentrañar esta vergüenza del mundo occidental, supuestamente “ético”, y a demostrar como nada se puede hacer hoy por hoy para regular ese lugar, ni por parte del mismísimo gobierno británico. Del mismo modo dedica una laboriosa investigación a la isla de Jersey.

Shaxson sitúa el problema del efecto de arrastre, especialmente en Delaware, donde un banco ha arrastrado a otro y así, por pura competencia, todo el poderoso sistema financiero norteamericano se ha convertido en actor destacado en el mundo extraterritorial.

También demuestra cómo no ha habido escándalo o estafa financiera que no tuviese vínculos con las sedes extraterritoriales del sistema financiero.

Sostiene que los centros financieros extraterritoriales drenan la riqueza de los países pobres y la canalizan hacia los ricos. Cierto, pero una vez más, el arma debiera ser la intervención por parte de los organismos internacionales del país y no del banco que recibe las transferencias. No se resuelve nada matando al mensajero.

Sin embargo, y tras mostrar nuestra admiración por el rigor y la profundidad con que trata el tema, debemos ser críticos con las conclusiones. Shaxson sitúa el origen del mal en la existencia misma de las propias jurisdicciones extraterritoriales. Asimismo, expresa su confianza ciega en la buena gestión fiscal de los gobiernos, supuesto totalmente gratuito, al tiempo que reclama un intercambio general de información sin plantearse el derecho a la privacidad.

Del mismo modo que defiende el derecho de los países pobres a gestionar su riqueza, es razonable respetar el derecho de cada jurisdicción a organizar su fiscalidad como mejor le convenga.

El problema de las multinacionales evadiendo impuestos y estableciendo precios de transferencia no se solucionará con la desaparición de los centros extraterritoriales, sino regulando la actividad de las mismas en origen. Del mismo modo, el dinero de la delincuencia o de los dictadores debe seguirse por otros medios, incluyendo al periodismo de investigación, pero no deben pagar todos por unos cuantos.

Y por último, Shaxson describe profusamente en su obra el poder de la city de Londres y de las corporaciones de Delaware. Si los gobiernos de estas potencias no quieren o pueden hacer nada en favor de la transparencia en sus propias casas, poca esperanza se puede tener en el efecto de asestar golpes a otras jurisdicciones, que no sea reforzar el monopolio de EEUU y Londres como paraísos fiscales tolerados. En este sentido, el catálogo de medidas propuesto en el último capítulo, caso de aplicarse, no haría más que reforzar ese monopolio.

Nuestra visión es que los paraísos fiscales existen, porque grandes élites desean que existan. Y puesto que existen es buena la competencia en ese ámbito, como lo es en general. Una supuesta transparencia universal, caso de lograrse, no garantiza ni la eficiencia de gasto de los gobiernos, ni el uso ético de toda la información disponible. Ante la duda, nos alineamos en el derecho a la privacidad y a la optimización de nuestra fiscalidad.

Nuestro compromiso es que la elusión fiscal no se quede en las élites, sino que se democratice hasta tal punto que imponga una seria reflexión a los gobernantes, impidiéndoles disponer de carta blanca para seguir drenando los recursos de quienes crean riqueza.

Cuentas bancarias en Dubai

Les llaman las madres de todas las cuentas bancarias.  Dubai es un destino mundial para los que buscan la privacidad en sus asuntos bancarios. A un coste asequible para cualquiera que desee preservar sus ahorros, existe una solución simple, sin peros, rápida y profesional a la vez. Banca por Internet con talonario de cheques y tarjeta de débito incluidos.

Es posible crear una sociedad en Dubai y abrir una cuenta a su nombre en cualquier banco clasificado AAA en Dubai como, por ejemplo, el prestigioso Standard Chartered Bank o el Abu Dhabi Commercial Bank. Dubai ofrece una oportunidad casi única en el mundo offshore de hoy. Porque reúne una serie de ventajas las cuales, una vez combinadas entre sí, proporcionan a los clientes una de las mejores y más seguras soluciones offshore que jamás hayan existido.

Dubai es, como es sabido, uno de los estados más liberales del Golfo, que ha acertado en invertir las ganancias procedentes del petróleo en la creación de una economía diversificada y equilibrada. Actualmente, el PIB está dominado por los servicios financieros, el turismo, el comercio y las manufacturas, de modo que el petróleo ya sólo interviene en un 3%.

Posee un sector bancario maduro, apto para dar un adecuado servicio a los ricos locales, expatriados y a la clientela offshore en general. Dubai ofrece privacidad bancaria, igual o mejor que la de Suiza, y el estilo de vida de Mónaco. No es ningún secreto que Dubai está en el punto de mira de los ultra-ricos y famosos de hoy en día.

En cuanto a fiscalidad, no hay impuestos bajos, en realidad no hay impuestos de ningún tipo en actividades onshore o offshore. Por eso Dubai no es un paraíso fiscal de impuestos reducidos, ES UN PAIS SIN IMPUESTOS!!. Vamos a verlo en detalle:

  • No existe Hacienda ni impuestos de ningún tipo.
  • No hay obligación de presentar declaraciones ni estados contables
  • No hay registro público de Directores o Accionistas
  • Sistema bancario muy flexible adaptado a las exigencias de los megarricos y los inversores globales
  • Legislación fuerte que protege la confidencialidad de los inversores

De modo que, combinándolo todo, Dubai ofrece una solución de ventanilla única para los negocios offshore del siglo 21.

Para obtener la máxima privacidad, es posible formar una sociedad mediante un poder otorgado a un agente local, Si esta sociedad toma la forma de una filial en la zona de libre comercio, el promotor puede tener derecho a un visado de residente, o disponer de él directamente si realiza la adquisición de una vivienda.

Sin embargo, no es una operación barata. Y para la simple privacidad pueden existir soluciones más simples y económicas. En Perpetuo Turista siempre recomendamos analizar caso por caso para optimizar el consejo.

Además, privacidad no es sinónimo de anonimato, puesto que las políticas de conocer al cliente (KYC, por sus siglas en inglés) aplican también en Dubai. Nuestra recomendación es proceder siempre dentro de la legalidad, pero conociendo todas las opciones que se hallan a nuestro alcance, también en el mundo offshore.

Socorro!! Los ricos se van….

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Un país con altas cargas tributarias como Francia, que ha considerado tipos marginales de hasta el 75% para las grandes fortunas,  lleva años viendo como sus ricos desaparecen del país.  El número de “exiliados fiscales” aumentó notablemente a partir de 2002, estabilizándose a partir de 2007, año en que se puso en marcha el “bouclier fiscal” (escudo fiscal). A partir de 2010-2011, con los planes de rigor fiscal, aumentó de nuevo la cifra un 60%, sobretodo en los contribuyentes con rentas superiores a los 300.000 €.

Los estudios disponibles muestran sin embargo que los destinos de los exiliados patrimoniales  franceses se repiten rutinariamente. Todos van a los mismos destinos: Suiza, Bélgica o el Reino Unido. Esencialmente los mismos destinos que escogen los exiliados del impuesto sobre la renta, de los cuales, el 70% tiene menos de 40 años. Impresionante.

Los exiliados patrimoniales poseen un patrimonio medio de 6,6 millones de euros mientras que los de la renta declaran una renta anual media de 52.000 €, el doble del contribuyente medio en Francia.

Entre 2012 y 2014 las expatriaciones de los contribuyentes con una renta mayor de 100.000 € han aumentado de nuevo un 40% pasando el número de exiliados fiscales de 2.669 a 3.744. La renta media de los exiliados ha pasado a ser de 265.382 €. Los exiliados patrimoniales también han aumentado un 15%.

A partir de esos años se ha confirmado la tendencia a la huida fiscal de los ricos, es decir, de los talentos creadores de “start-ups” exitosas, jóvenes diplomados de prestigiosas escuelas, empresarios de éxito o de todo aquél que simplemente se gane bien la vida.

Aún hay gobernantes y aspirantes a ello que creen que en un  mundo globalizado se puede aumentar impunemente la presión fiscal, sin que se produzca reacción por parte de los individuos. En la Francia de Hollande, el 75% de los incrementos de impuestos aprobados durante su mandato han sido pagados por el 20% de la población. Cuando es sabido que la mitad de los hogares franceses no paga impuesto sobre la renta, uno se da cuenta del esfuerzo exigido a los contribuyentes de Francia.

Abundando más en el detalle de Francia, como caso paradigmático: el 1% de los contribuyentes franceses más ricos pagan el 45% del impuesto sobre la renta. De modo que bastaría que algunos miles se marcharan para ver disminuir los ingresos por el impuesto sobre la renta. Dando así cumplimiento a la Ley de Laffer, que postula cómo a partir de un cierto tipo impositivo el producto del impuesto en cuestión disminuye.  Lo cual podría llegar a verificarse empíricamente en Francia. Mala noticia para los partidarios de subir los impuestos a toda costa.

Con la retención en origen a la vista, por supuesto justificada por la necesidad de “justicia tributaria” en última instancia, sólo aumentaría la presión fiscal sobre los hogares más ricos. Hoy en día la cuestión clave es la de un sistema de gasto público descontrolado en el que no cuadra la entrada con la salida. Hay que revisar y cambiar las tuberías. Si sabemos que el gasto público representa, por ejemplo en Francia,  el 57% del PIB, ¿qué sabemos realmente acerca de la efectividad de los impuestos y de las filtraciones en la aspiración?

Del mismo modo, ¿qué es lo que realmente sabemos acerca de la eficacia de la redistribución? ¿Estamos seguros de que el dinero recaudado se destina a aquellos que realmente lo necesitan? De hecho, se sabe muy poco acerca de estos temas y esto es esencialmente el problema que desalienta a muchos de nuestros ciudadanos.

Los ricos van a seguir marchándose en cuanto la presión fiscal sea abusiva. Incluso los más concienciados con la distribución de la renta, que los hay, tendrán problemas de conciencia a partir de ciertos límites. De los gobernantes es la tarea de determinar ese límite y no sobrepasar lo que es razonable para la convivencia pacífica de todos.

Dos grandes razones para no guardar tu dinero en el banco

Ya es bastante malo depositar el dinero en una cuenta bancaria y ganar esencialmente cero interés en él, o en algunos países, ser premiado incluso con una tasa de interés negativa.

Pero es  todavía peor saber que, una vez depositado,  tu dinero ya no te pertenece. Sin saberlo, hemos entregado la propiedad al banco a cambio de una deuda. Nos hemos convertido en acreedores no garantizados de un pagaré.

Y lo peor de todo es el “bail-in”, con el que todos nos familiarizamos en 2.013 durante el colapso bancario en Chipre. Algunos depositantes no asegurados recibieron la mitad de su dinero de vuelta, y en un banco, los clientes no recibieron ni un céntimo por encima de la cantidad “asegurada”.

En 2014, los líderes del Grupo de los Veinte (G-20) – que representan a las 20 economías más grandes del mundo – declararon solemnemente  que el modelo de Chipre sería de aplicación global a partir de ese momento. Lo hicieron a través de una soporífera declaración titulada: “Adecuación de la capacidad de absorción de pérdidas y de recapitalización de los bancos de importancia sistémica mundial“.

Los depósitos en los bancos que son “demasiado grandes para caer” servirán para recapitalizar con prontitud sus deudas no aseguradas. ¿Y adivinas qué? La mayor parte de la deuda sin garantía serán tus depósitos bancarios. Los bancos insolventes se recapitalizarán  a sí mismos mediante la conversión de tus depósitos en acciones del banco sin valor. Y ello para evitar los impopulares rescates ocuridos  durante la última crisis financiera, que fueron financiados por los contribuyentes.

Ah, y  no sólo esto … el G-20 ha declarado también que los contratos de derivados financieros – los productos tóxicos que Warren Buffett denomina “armas financieras de destrucción masiva” – son deudas aseguradas. Debido a que tus depósitos bancarios son la única deuda no garantizada del banco, adivina quién obtiene tu dinero si las apuestas que haga el banco van por camino equivocado. Respuesta: Tú desde luego no, eres el último acreedor.

Si las apuestas del banco salen bien,él  gana. Si le salen mal, tú pierdes tu dinero en el banco.

Está también prácticamente garantizado que en la próxima crisis financiera, habrá una gran cantidad de quiebras bancarias. Y esto a pesar del hecho de que la corriente principal de los medios de comunicación financiera nos asegura que los bancos centrales han impuesto requisitos de capital más elevados, pruebas de esfuerzo, etc., sobre los bancos para asegurar que cuando los “grandes” colapsen, tus depósitos estarán seguros.

No hay que creer ni una palabra de lo que dicen. La cantidad de capital que los bancos mantienen en comparación con el dinero en depósito es alarmantemente desigual. En los EE.UU., los cinco bancos más grandes tienen un ratio de capital como porcentaje de los activos de sólo el 6%, a pesar de que es el doble de lo que era en 2008. En efecto, si cada depositante en un banco exige su dinero al mismo tiempo – el clásico “pánico bancario”– los bancos más grandes de Estados Unidos podrían devolver sólo seis centavos de dólar antes quedarse sin dinero. Y puesto que la mayoría de los bancos no mantienen una gran cantidad de dinero en efectivo, incluso podría ser menos.

Claro, siempre está el Fondo de Garantía de Depósitos (o el FDIC en EEUU), pero…. ¿todavía nos creemos que ante un pánico bancario masivo el Estado dispondrá de efectivo para proteger los primeros 100.000 € de los depósitos de particulares?

Vale la pena recordar que, históricamente, los bancos estaban mucho mejor capitalizados. Por ejemplo, en 1842, los bancos de Estados Unidos tuvieron un índice de capital promedio de 60%, diez veces mayor que la de los bancos más importantes en la actualidad. Esa era una época en la que la competencia bancaria se basaba en la seguridad porque no existía la garantía de depósitos.