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¡Ya se acerca el día de la Libertad Fiscal!

Nos hallamos ya a mitad de Junio y, aunque puede parecer oportunista, conviene recordar que se acerca el día de la Libertad Fiscal, lo cual es siempre motivo de celebración.

Aunque en esta ocasión, antes que escribir un nuevo post, desearía recordar y reproducir el publicado hace unos pocos años por el blog Neoliberalismo.com con el título “Resistencia fiscal”. Es tan explícito, sintético y actual que creo vale la pena reproducirlo íntegramente para impedir que caiga en el olvido, pues expresa magníficamente lo que muchos pensamos. Mi agradecimiento y enhorabuena a este blog mexicano y a su autor Adolfo Rivero Caro. Ahí va, pues para vuestro disfrute y para difundir el mensaje del autor.

¿Cuánta de la riqueza que usted produce con su esfuerzo le es despojada por el Estado y cuánta finalmente queda en sus manos?

Una manera muy gráfica de responder a esta decisiva pregunta es el concepto Día de la Libertad Fiscal.

Si usted considera sus ingresos brutos de todo un año y los divide entre los 365 días, podrá determinar cuántos de esos días tiene que dedicar a trabajar para el Estado. En la fecha posterior a los días dedicados a mantener el gasto público, es cuando usted puede disfrutar –ahora sí- del fruto de su esfuerzo. Ese es su Día de la Libertad Fiscal.

Mientras más tarde en llegar ese día, peor para usted; mientras menos demore, tanto mejor para usted…y para el resto de los integrantes de la comunidad, porque el gasto que usted hace siempre será más benéfico para sus semejantes que cuando ese mismo dinero lo despilfarra el Estado.

El concepto y el término Día de la Libertad Fiscal fueron primeramente desarrollados por el empresario estadounidense Dallas Hostetler en 1948, quien incluso obtuvo una marca comercial que en 1971 cedió a la Tax Foundation, organización ciudadana que en Estados Unidos defiende los intereses de los contribuyentes, y que todavía lo hace en la actualidad.

https://taxfoundation.org/

Esta idea tan original parte de la ficción consistente en que cada uno trabaja desde el primero de enero para pagar sus impuestos y, luego de terminar de pagarlos, llega a trabajar para su propio bolsillo. Esta idea ha sido replicada por varias instituciones

En 1974, mediante un artículo que reproducimos más abajo, el gran Milton Friedman perfeccionó el concepto y propuso el nombre de Día de la Libertad Personal, aunque esta parte de su aportación no perduró. Lo que sí se mantuvo y que es más importante que una frase, es el que para el cálculo del Día se consideraran no los ingresos fiscales, sino el gasto del Estado. Los gobernantes hacen toda suerte de manipulaciones de términos para ocultar la magnitud de los impuestos, pero todo gasto estatal termina siendo pagado por los contribuyentes, pues el Estado no produce riqueza, ni siquiera cuando posee empresas.

Desde entonces organizaciones de contribuyentes y en general partidarios de la libertad económica en todo el mundo calculan cada año el Día de la Libertad Fiscal y los festejan. El Día de la Libertad Fiscal varía de país en país y de un año a otro, según sea la carga fiscal (entendida como el porcentaje que el gasto total del estado representa del PIB).

Así tenemos que debido a una carga fiscal menos onerosa, Taiwán, Singapur y Hong Kong celebran su día de la libertad en febrero, mientras que en el otro extremo lo celebran entre finales de junio y principios de julio países como Suecia, Francia y …España.

Y por supuesto la carga fiscal varía entre jurisdicciones sub-nacionales (estados, departamentos, condados, municipios), pero también según le nivel de ingresos de las personas. Las personas que mayores ingresos tienen celebran su Día de la Libertad Fiscal semanas después de la fecha en que lo hace el promedio de los habitantes.

¿Para qué y cómo celebrar el Día de la Libertad Fiscal?

El propósito central de calcular el Día de la Libertad Fiscal es ilustrar sobre el expolio del que son víctimas los contribuyentes y promover que estos luchen para reducirlo.

Hay otras economías desarrolladas con cargas fiscales mucho menores, que gracias a ello (además de libertad económica y respeto a los derechos de propiedad), accedieron al desarrollo y que no están en crisis como las europeas. Es el camino de éstas el que hay que imitar. Y para empujar en tal sentido es que debemos derrotar la tentativa de aumentar el expolio fiscal. El objetivo debe ser que el Día de la Libertad no sólo no se recorra a mayo o junio como pretenden los políticos, sino que se adelante a febrero como en Taiwán, Hong Kong y Singapur.

Los españoles dedican medio año a pagar impuestos

Un trabajador con un sueldo medio de 24.400 euros brutos al año dedica 182 días de trabajo al año al cumplimiento de sus obligaciones tributarias para sostener el Estado del Bienestar y empezar a generar ingresos para su propio disfrute. Así lo demuestra un estudio realizado por el Think Tank Civismo en 2015.

Así, este trabajador necesitaría 102 días de trabajo para pagar las cotizaciones a la Seguridad Social, 38 días para el IRPF, 25 para hacer frente al IVA, 11’5 para cubrir los impuestos especiales y, finalmente, 5’5 días para pagar otros impuestos. El Estado se lleva la mitad de la renta de los trabajadores, pero lo hace de una forma diseminada para que el contribuyente no se escandalice.

No obstante, no sólo se contabiliza la renta bruta, sino el coste total del trabajador para la empresa, al sumar también las cotizaciones del empresario a la Seguridad Social. Así, para una renta de 24.400 euros, el coste laboral sería de 31.696 euros

  • El 1 de julio los españoles celebran el Día de la Liberación Fiscal
  • El español medio tarda 182 días en trabajar para él mismo
  • Por primera vez en los últimos cinco años éste día se adelanta.

El impresionante y recomendable trabajo realizado por Cristina Berechet es de lo mejor que se ha publicado en lengua española y puede ser descargado íntegramente en este link:

https://www.civismo.org/es/investigaciones/informes/dia-de-la-liberacion-fiscal-2015

 

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Un nuevo día para festejar (“A New Holiday”)

                                                 por Milton Friedman

(Publicado en Newsweek en su edición del 5 de agosto de 1974 – Traducción: Resistencia Fiscal, México)

A medida que el silencio siguió a los fuegos artificiales (cada vez más sordos debido a las leyes de “protección” de los consumidores) del 4 de julio, se me ocurrió que este país necesita un nuevo día para completar nuestro Día de la Independencia Nacional. El nuevo día que podríamos festejar sería el Día de nuestra Independencia Personal, ese día en el año en que dejamos de trabajar para pagar los gastos del gobierno -federal, estatal y local- y empezamos a trabajar para pagar las cosas que solidaria e individualmente elegimos a la luz de nuestras propias necesidades y deseos.

El nuevo día de fiesta, por supuesto, tiene una fecha variable. Como muestra el cuadro adjunto, el total del gasto público ha crecido de un 10 por ciento de la renta nacional antes de 1929 hasta a alrededor del 40 por ciento actual. Durante el mismo período, el papel relativo del gobierno federal y los gobiernos estatales y locales ha cambiado. En 1929, los gobiernos estatales y locales gastaron más del doble de lo que gastó el gobierno federal; en 1970, el gobierno federal gastó casi dos veces más que los gobiernos estatales y locales. A medida que crecía, el Hermano Mayor se trasladó desde el ayuntamiento y del capitolio del estado a Washington.

Este cambio es principalmente un producto de los últimos 40 años, que data del inicio del New Deal. Durante el primer siglo y medio de existencia de nuestra nación, el gasto total del gobierno –según podemos juzgar con los escasos datos disponibles- no superó el 10 por ciento de la renta nacional excepto en tiempos de guerra importante. Y el gasto estatal y local fue, a lo largo de ese lapso, aproximadamente dos veces más grande que el gasto federal. El gasto total como porcentaje del ingreso nacional casi se duplicó en el década después de 1929, y luego casi se duplicó de nuevo en las próximas tres décadas.

Nuestros antepasados habrían celebrado el Día de la Independencia Personal al final el invierno y nuestros padres cuando el invierno se tornaba en primavera.

Nosotros ahora lo celebramos al final de la primavera. Si la tendencia continúa, nuestros hijos lo celebran en verano, y los hijos de nuestros hijos en otoño.

Una simple extrapolación estadística de las fechas registradas en la tabla para 1929 y años posteriores, da 1988 como el año en que el Día de la Independencia Personal coincidiría con el 4 de julio, Día de la Independencia Nacional, aunque en el momento en que esto ocurra el Gran Hermano no podrá permitir que la inocente alegría llame la atención sobre su intromisión en nuestras vidas y, por supuesto, todos los signos de fuegos artificiales habrán desaparecido bajo el ceño de desaprobación de la NARJFL (la Administración para Quitar la Alegría de la Vida).

La fecha variable del nuevo día de fiesta es una ventaja. El Congreso o el Presidente serían obligados a declarar la fecha de cada año. Esto obligaría a que uno u otro nos informe cada año, como no lo hacen ahora, cuánto el gobierno en su conjunto nos está costando. Tal anuncio público podría ser más eficaz que las recientes, tan cacareadas, reformas presupuestarias del Congreso para imponer una cierta disciplina al gasto público y quizás revertería la tendencia.

Por otra parte, permitiría a los candidatos políticos dedicados a la mejora de nuestra libertad individual a tener un slogan fácilmente publicitado: “Regreso del Día de la Independencia Personal al 31 de marzo” o cualquier otra fecha que pueda parecer factible.

 El gasto del gobierno como porcentaje del ingreso nacional

Año Federal Estatal y local Total Día de la Libertad Personal
1900 3.4 6.1 9.5 4 de febrero
1929 3.0 8.9 11.9 12 de febrero
1940 12.3 10.4 22,7 23 de marzo
1950 16.9 8.3 25.2 2 de abril
1960 22.4 10.4 32.8 29 de abril
1970 25.5 13.6 39.1 23 de mayo
1988 50.8 4 de julio

 Fuentes: 1929-1970, “Informe Económico del Presidente”, 1974; 1900 y 1988, estimaciones del autor.

Por supuesto, la fecha del Día de la Independencia Personal que se registra en la tabla es un promedio nacional. La fecha correcta varía de estado a estado. Tal vez, una vez que el Día de la Independencia Personal nacional ha sido establecido, cada estado tomará las medidas necesarias para establecer un Día de la Independencia Personal estatal.

¿Puede pensarse en una competencia más atractiva entre estados?

 

Bien, estimados lectores, como pueden ver, sobran nuevos posts, aquí se dice todo. Feliz día de la Libertad Fiscal. Celébrenlo, y vuelvan a la lucha.

 

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Socorro!! Los ricos se van….

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Un país con altas cargas tributarias como Francia, que ha considerado tipos marginales de hasta el 75% para las grandes fortunas,  lleva años viendo como sus ricos desaparecen del país.  El número de “exiliados fiscales” aumentó notablemente a partir de 2002, estabilizándose a partir de 2007, año en que se puso en marcha el “bouclier fiscal” (escudo fiscal). A partir de 2010-2011, con los planes de rigor fiscal, aumentó de nuevo la cifra un 60%, sobretodo en los contribuyentes con rentas superiores a los 300.000 €.

Los estudios disponibles muestran sin embargo que los destinos de los exiliados patrimoniales  franceses se repiten rutinariamente. Todos van a los mismos destinos: Suiza, Bélgica o el Reino Unido. Esencialmente los mismos destinos que escogen los exiliados del impuesto sobre la renta, de los cuales, el 70% tiene menos de 40 años. Impresionante.

Los exiliados patrimoniales poseen un patrimonio medio de 6,6 millones de euros mientras que los de la renta declaran una renta anual media de 52.000 €, el doble del contribuyente medio en Francia.

Entre 2012 y 2014 las expatriaciones de los contribuyentes con una renta mayor de 100.000 € han aumentado de nuevo un 40% pasando el número de exiliados fiscales de 2.669 a 3.744. La renta media de los exiliados ha pasado a ser de 265.382 €. Los exiliados patrimoniales también han aumentado un 15%.

A partir de esos años se ha confirmado la tendencia a la huida fiscal de los ricos, es decir, de los talentos creadores de “start-ups” exitosas, jóvenes diplomados de prestigiosas escuelas, empresarios de éxito o de todo aquél que simplemente se gane bien la vida.

Aún hay gobernantes y aspirantes a ello que creen que en un  mundo globalizado se puede aumentar impunemente la presión fiscal, sin que se produzca reacción por parte de los individuos. En la Francia de Hollande, el 75% de los incrementos de impuestos aprobados durante su mandato han sido pagados por el 20% de la población. Cuando es sabido que la mitad de los hogares franceses no paga impuesto sobre la renta, uno se da cuenta del esfuerzo exigido a los contribuyentes de Francia.

Abundando más en el detalle de Francia, como caso paradigmático: el 1% de los contribuyentes franceses más ricos pagan el 45% del impuesto sobre la renta. De modo que bastaría que algunos miles se marcharan para ver disminuir los ingresos por el impuesto sobre la renta. Dando así cumplimiento a la Ley de Laffer, que postula cómo a partir de un cierto tipo impositivo el producto del impuesto en cuestión disminuye.  Lo cual podría llegar a verificarse empíricamente en Francia. Mala noticia para los partidarios de subir los impuestos a toda costa.

Con la retención en origen a la vista, por supuesto justificada por la necesidad de “justicia tributaria” en última instancia, sólo aumentaría la presión fiscal sobre los hogares más ricos. Hoy en día la cuestión clave es la de un sistema de gasto público descontrolado en el que no cuadra la entrada con la salida. Hay que revisar y cambiar las tuberías. Si sabemos que el gasto público representa, por ejemplo en Francia,  el 57% del PIB, ¿qué sabemos realmente acerca de la efectividad de los impuestos y de las filtraciones en la aspiración?

Del mismo modo, ¿qué es lo que realmente sabemos acerca de la eficacia de la redistribución? ¿Estamos seguros de que el dinero recaudado se destina a aquellos que realmente lo necesitan? De hecho, se sabe muy poco acerca de estos temas y esto es esencialmente el problema que desalienta a muchos de nuestros ciudadanos.

Los ricos van a seguir marchándose en cuanto la presión fiscal sea abusiva. Incluso los más concienciados con la distribución de la renta, que los hay, tendrán problemas de conciencia a partir de ciertos límites. De los gobernantes es la tarea de determinar ese límite y no sobrepasar lo que es razonable para la convivencia pacífica de todos.

El indicador de atractividad fiscal

Un par de economistas del centro de estudios económicos Leibnitz de Alemania crearon en 2013 un ´”indicador de atractivo fiscal” estableciendo un ranking de países a través de un análisis basado en 16 variables diferentes. Puede descargarse para su lectura completa en:

https://www.econstor.eu/bitstream/10419/75220/1/749829451.pdf

El tipo impositivo para el impuesto de sociedades es por supuesto una de las variables medidas, pero también analiza políticas como la imposición a los dividendos y ganancias de capital, retenciones en origen, la existencia de un régimen de tributación para holdings, la compensación de pérdidas, la red de tratados para evitar la doble imposición , las reglas de capitalización, y las reglas para empresas controladas desde el  extranjero.

Resulta que todas estas variables adicionales pueden marcar una gran diferencia en el atractivo general del régimen fiscal corporativo en una nación. Como se puede ver en esta lista de los diez países que obtienen mejor puntuación, los Emiratos Árabes Unidos tienen uno de los sistemas de impuestos corporativos más atractivos del mundo, a pesar de tener la tasa más alta del impuesto de sociedades.

Contra todo pronóstico, Estados Unidos sigue atascado en la parte inferior. La “buena noticia” es que le gana a  Argentina y Venezuela, dos de los países más corruptos y despóticos del mundo.

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Cabe explicar que la cifra más cercana a 1 es la mejor y la más cercana a 0 la peor puesto que el índice de atractividad mide un porcentaje, cuanto mayor más atractivo.

Como era de esperar, los llamados paraísos fiscales dominan los primeros lugares en el ranking. Y eso a pesar de que las leyes de privacidad financiera no son parte de la ecuación.

En la tabla siguiente están todos los resultados en el informe. Se enumeran las naciones en orden alfabético, así que no es muy fácil de usar si se quiere hacer comparaciones. Pero un simple regla de oro es que, cualquier puntuación sobre 0.6000 es relativamente buena y cualquier puntuación por debajo de 0.4000 sugiere un país se está disparando en el pie.

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Por si sirve de algo, Suiza y Estonia superan el umbral de 0,6000, como era de esperar, pero me sorprendió que tanto Hong Kong y Liechtenstein queden en la mitad del ranking.  Algo no está del todo bien calibrado cuando  ambas naciones se calificaron como peores que Francia!

Eso me da la oportunidad de emitir una advertencia muy importante. Es bueno tener un sistema fiscal corporativa atractivo, pero hay docenas de otros factores que ayudan a determinar la prosperidad y la competitividad de un país. De hecho, la política fiscal es sólo el 20 por ciento de la puntuación de un país en el ranking de la Libertad Económica  mundial. Así que no tan solo es importante considerar  las políticas fiscales y la carga total de los gastos del gobierno para evaluar la política fiscal de un país, también hay que mirar a otros grandes factores tales como la política monetaria, la política comercial y la política regulatoria.

Como tal, aunque es irritante que el sistema tributario corporativo estadounidense se encuentra por debajo de Francia (y de Italia, Grecia, Ucrania, Nigeria, etc), Estados Unidos lo hace mejor por suerte  en la mayoría de las otras áreas. Dicho esto, es preocupante que haya caído en la clasificación mundial de libertad económica general , desde el 3r lugar  cuando Bill Clinton dejó el cargo al puesto 18 en el ranking más reciente, por lo que la tendencia obviamente no es muy alentadora.

Otra advertencia a tener en cuenta es que son clasificaciones  con datos del período 2005-2009, por lo que algunas naciones se habrán movido hacia arriba o hacia abajo desde entonces. Me sorprende mucho, por ejemplo, que Chipre todavía aparezca en la parte superior entre las 10 primeras. Puede ser  también que la caída de puntuación de EE.UU., sea por culpa de los aumentos de impuestos debidos al “Obamacare” y al acuerdo que se dio en llamar “precipicio fiscal”.

Desconozco si existe un ranking de las naciones basado únicamente en el impuesto sobre la renta, pero el Liberales Institut en Suiza ha compilado un “Indicador de Opresión Fiscal” para las naciones industrializadas y los Estados Unidos obtuvieron el puesto 19 entre las 30 naciones de la OECD, en las que se midió cómo son tratados  los contribuyentes individuales . España está algo mejor e Italia bastante peor, pero siempre queda la picaresca…..

Paraísos e Infiernos Fiscales

Hola a todos. Hoy, aprovechando un día lluvioso en el que es mejor no salir de casa, me dispongo a para recordaros un artículo publicado hace ya tiempo, en 2008, en La Ilustración Liberal, por Thierry Aschrift, en el que hace un alegato a favor de los paraísos fiscales.

Y viene a cuento porque los medios de información y los portavoces políticos, al tiempo que muchas ONG’s han logrado mentalizar a la población sobra la huida de capitales hacia estas jurisdicciones de baja tributación, y sus nefastas consecuencias para el erario público, lanzando apocalípticos mensajes sobre las escuelas, hospitales y ayudas que se pierden debido a la evasión fiscal que supone esa huida de capitales.

Es muy triste que este mensaje haya llegado a calar tanto en la población y que a estas alturas se escuche constantmeente a pie de calle. Y lo más grave es que supone la aceptación de que el Estado posee la Verdad absoluta y que todos deberíamos someternos a sus criterios sin rechistar, cuando de fiscalidad se trata.

Si bien es irregular que las grandes mutlinacionales aprovechen estructuras fiscales para no pagar sus impuestos en el lugar donde se consumen sus bienes, igual de irregular es que los países del mundo se vean sometidos a presiones por parte de la OECD, los Estados Unidos o la Unión Europea para imponerles la obligación  de intercambio de información fiscal o a la organización de su fiscalidad de un determinado modo. Son notorias las presiones que algunos países y organizaciones han efectuado sobre otros para, mediante coacción pura y dura,  obtener la colaboración en materia de intercambio de datos fiscales de personas físicas y jurídicas o imponer en esos paises una carga fiscal que nunca se hubieran planteado aisladamente.

Andorra, Liechtenstein, Luxemburgo y Mónaco son algunos ejemplos en Europa. pero el más reciente y en boca de todos es ahora Panamá.

Este artículo que os propongo leer resulta interesante porque es provocador y en medio de la dirigida y manipulada opinión púublica actual merece la pena ver el asunto desde otra óptica y reflexionar sobre lo buena que es la competencia fiscal y lo indeseable que es la injerencia de cuatro países poderosos en los asuntos internos de pequeñas jurisdicciones del mundo.

La huida de capitales hacia los paraísos fiscales es sólo una parte del problema, la otra – la cual depende exclusivamente de nuestros gobiernos – es diseñar una fiscalidad en la que no valga la pena esa huida y que provoque la atracción de esas mismas multinacionales hacia nuestro territorio.

Aqui os dejo el link de este artículo tan de actualidad ahora mismo….

http://www.ilustracionliberal.com/36/en-defensa-de-los-paraisos-fiscales-thierry-afschrift.html

 

Dinero español en el extranjero…….. ¿y de qué se extrañan?

Viernes, 15 de mayo de 2015. Aparece a bombo y platillo en los periódicos del país que en tan sólo tres años la Agencia Tributaria ha logrado desenmascarar 124.000 millones de euros que los españoles guardan en el extranjero: 21.600 en cuentas, 11.000 en inmuebles y más de 91.700 en fondos, seguros, acciones y otros bienes mobiliarios. Hacienda saca pecho y enseguida levanta el dedo acusador filtrando en los medios que es muy posible que gran parte de esos bienes se hallen en el extranjero para defraudar al fisco, por lo que se deberá investigar el origen de todos ellos. Presunción de culpabilidad monda y lironda para todos aquellos que practiquen la diversificación internacional, de manera que al final todo acabe revuelto y se confundan los delincuentes con los ciudadanos que lo único que intentan es preservar parte de su patrimonio fuera de un país que, desgraciadamente, de lo que más puede presumir es de corrupción y de políticos absolutamente irresponsables con los destinos y la ética del mismo.
Muy penosa también la reacción de la prensa, alabando la dureza desproporcionada con la que la ley castiga las infracciones de los contribuyentes que eluden las obligadas declaraciones de bienes en el extranjero. Demagogia pura y dura para contentar – y excitar – a la masa ignorante, que cree de manera ingenua y a la vez farisea que toda fortuna debe guardarse en España por obligación, para que los gobernantes hagan lo que quieran con ella cuando se les antoje. Acabará siendo verdad aquella máxima de que el dinero – al igual que nuestro pasaporte – es todo del Gobierno, y el que está en nuestra hucha es sólo prestado.
Mientras tanto, la Comisión europea desde Bruselas anda analizando si abre o no expediente al gobierno español por las exageradas condiciones que impone el régimen sancionador de la ley que obliga a declarar bienes en el extranjero mediante el ya tristemente famoso impreso 720. Una de ellas es la imprescriptibilidad del delito, algo totalmente fuera de lo razonable jurídicamente.
El glorioso comentario de la prensa finaliza indicando que, aunque ya se sabe que el régimen sancionador es desmesurado, gracias a él se ha podido verificar una eficaz lucha contra la evasión fiscal que es una de las más altas de Europa. Bien, por esta regla de tres terminarían los robos si ejecutásemos a cualquier vulgar caco en la horca. Por favor, señores del Gobierno y público en general, no seamos ingenuos. La evasión fiscal terminará el día que no salga a cuenta correr el riesgo, y eso significa que la carga fiscal sea tan liviana que ni nos demos cuenta al pagarla. Y eso es posible: un 7% de IVA, un 10% de impuesto de sociedades, un 18% de impuesto sobre la renta, y así sucesivamente. Y obviamente sin trucos y pagando todos.
Pero no van por ahí los tiros. Los Estados, sumidos en una espiral de gasto infinito para mantener democracias corruptas han decidido exprimir más a los exprimibles. Si Vd es prudente y tiene parte de su patrimonio, duramente ganado, en el extranjero, porque – como es lógico – no se fía de los de aquí, váyase preparando para dar infinitas justificaciones del porqué y el de dónde. Ya se sabe, el españolito residente en España tributa por sus rentas mundiales, lo dice la ley muy clarito. Y que no se escape ni un solo centimito.
Es deplorable el espectáculo del Ministro de Hacienda metiendo miedo a los que se atreven a tener bienes en el extranjero, tildándolos de sospechosos de evasión fiscal indiscriminadamente. Y aún más deplorable es el coro de los medios de comunicación con su efecto ampliado, confundiendo a la multitud y dando el mensaje –falso – de que no se puede tener nada fuera, que es reprobable, poco ético y antipatriótico. La patria……¿de quién?
Créanme, si han leído hasta aquí, no se dejen arredrar. Hagan lo posible – y lo imposible – por diversificar los lugares donde guardan su fortuna. Es legal, y se debe hacer. La libre circulación de capitales no es para las multinacionales, sino para todo hijo de vecino. Cualquiera se juega a una carta el patrimonio de la familia, con estos, u otros, malandrines al volante.
La escasa cultura financiera existente en España no ha permitido que se desarrolle un mercado maduro para los agentes de fiducias y fideicomisos, como ocurre en los países anglosajones. Y aquí, sólo las fortunas muy notables acuden a contados y costosos bufetes jurídicos que les preparan este tipo de estructuras societarias. Pero todo se andará, como siga esta presión fiscal. Pronto cualquier familia de clase media se verá impulsada a crear una fiducia (trust) o una estructura patrimonial para salvaguardar su fortuna, desde luego en el extranjero. O peor, a cambiar de residencia fiscal, como ya ocurre con los famosos.

Marc Márquez está en su pleno derecho, ¡viva la globalización fiscal !

Durante el mes de diciembre ha sido noticia que el bicampeón mundial de motociclismo Marc Márquez había decidido establecer su residencia fiscal en Andorra, con gran revuelo de los medios de comunicación que con su habitual hipocresía mojigata tildaban de insolidario a este deportista de élite y lo añadían a la lista de los “perversos” famosos que evitan la fiscalidad española mediante el traslado de residencia a “paraísos fiscales”. Según un artículo publicado por La Vanguardia, a la pregunta: ¿Apruebas que Marc Márquez fije su residencia fiscal en Andorra? El 70% de los usuarios que participó en la encuesta, mostró su indignación por esta nueva fuga de fortunas.

Deplorable y penoso. Y tanto más cuando la opinión ciudadana apoya estos comentarios y las ondas se llenan de twits y de comentarios en el “muro” sobre lo indecente que es un muchacho que se juega la vida en cada carrera por llevarse su sueldo lícitamente ganado a un lugar donde le va a exigir menos contribución que en su lugar de origen y residencia.

Da tanta vergüenza que no podemos quedarnos callados. En nuestra opinión Marc Márquez está en su pleno derecho de establecer la residencia (fiscal, se entiende) donde le plazca, que para eso se ha consagrado en Europa la libertad de circulación de personas (y de capitales, por cierto). En segundo lugar, Marc es visitante habitual de Andorra y parece lo más natural que decida trasladarse ahí incluso por motivos personales de preferencias. Y además, es perfectamente legal si cumple las condiciones exigidas para dejar de ser residente fiscal en España y serlo en Andorra. Estas condiciones, por cierto, no son fáciles:

– Ser mayor de edad o menor emancipado y no estar incapacitado
– Acreditar que la actividad a desarrollar en el campo de la ciencia, cultura o deporte, permitirá generar los recursos económicos suficientes, determinados reglamentariamente, para que tanto el residente como las personas a su cargo puedan residir en el Principado de Andorra durante todo el tiempo de vigencia de la residencia por razones de interés científico, cultural o deportivo
– Justificar y tener en vigencia para Andorra una cobertura y seguro por enfermedad, incapacidad y vejez para la persona solicitante y para las personas a su cargo
– Demostrar documentalmente ser el propietario o el arrendatario de una vivienda
– Compromiso por escrito de fijar la residencia principal y efectiva en el Principado de Andorra y de mantener en vigor el contrato de seguro
– Hacer efectivo y depositar en el Instituto Nacional Andorrano de Finanzas (INAF) el importe de 50.000€ no remunerados, más 10.000€ por cada una de las personas a su cargo.

Cumplido esto, falta que la Hacienda española no le imponga una “cuarentena fiscal” ya que al mudarse a un país hasta hace poco tipificado como “paraíso fiscal” el obligado tributario queda sujeto a tributar en España hasta los 4 años siguientes al traslado de residencia. De hecho, esto no debiera de suceder ya que oficialmente Andorra dejó de ser paraíso fiscal allá por el 2011.

La diferencia en tributación es abismal entre una y otra opción y ya que la posibilidad ciertamente existe, sería absurdamente necio no considerarla. Los agrios comentarios recibidos le afectaron notablemente. Nuestra opinión es que eso es una razón adicional para marcharse: un pueblo que no sabe comprender la libertad individual y respetar a un triunfador aflora la peor de las cualidades del españolito de a pie: la envidia. Por ello, no sólo felicitamos a Marc por su decisión sino que le pedimos, para escarmiento de todos, que la ejecute sin remordimiento y sin dilación.

Es su fortuna. Es su vida. En la medida en que no ha robado ni ocultado nada a nadie, está en su más pleno derecho. Celebremos la decisión de Marc, que recuerda a los que establecen fiscalidades confiscatorias desmesuradas que la globalización vale para todos, para llevarse los puestos de trabajo a China y los ahorros y nuestra residencia a donde nos dé la gana. Y que si no quieren que todo aquel que pueda siga los pasos de Marc Márquez, Alberto Contador, Dani Pedrosa y tantos otros, que vayan pensando en aplicar una fiscalidad razonable.