Archivos Mensuales: noviembre 2016

Socorro!! Los ricos se van….

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Un país con altas cargas tributarias como Francia, que ha considerado tipos marginales de hasta el 75% para las grandes fortunas,  lleva años viendo como sus ricos desaparecen del país.  El número de “exiliados fiscales” aumentó notablemente a partir de 2002, estabilizándose a partir de 2007, año en que se puso en marcha el “bouclier fiscal” (escudo fiscal). A partir de 2010-2011, con los planes de rigor fiscal, aumentó de nuevo la cifra un 60%, sobretodo en los contribuyentes con rentas superiores a los 300.000 €.

Los estudios disponibles muestran sin embargo que los destinos de los exiliados patrimoniales  franceses se repiten rutinariamente. Todos van a los mismos destinos: Suiza, Bélgica o el Reino Unido. Esencialmente los mismos destinos que escogen los exiliados del impuesto sobre la renta, de los cuales, el 70% tiene menos de 40 años. Impresionante.

Los exiliados patrimoniales poseen un patrimonio medio de 6,6 millones de euros mientras que los de la renta declaran una renta anual media de 52.000 €, el doble del contribuyente medio en Francia.

Entre 2012 y 2014 las expatriaciones de los contribuyentes con una renta mayor de 100.000 € han aumentado de nuevo un 40% pasando el número de exiliados fiscales de 2.669 a 3.744. La renta media de los exiliados ha pasado a ser de 265.382 €. Los exiliados patrimoniales también han aumentado un 15%.

A partir de esos años se ha confirmado la tendencia a la huida fiscal de los ricos, es decir, de los talentos creadores de “start-ups” exitosas, jóvenes diplomados de prestigiosas escuelas, empresarios de éxito o de todo aquél que simplemente se gane bien la vida.

Aún hay gobernantes y aspirantes a ello que creen que en un  mundo globalizado se puede aumentar impunemente la presión fiscal, sin que se produzca reacción por parte de los individuos. En la Francia de Hollande, el 75% de los incrementos de impuestos aprobados durante su mandato han sido pagados por el 20% de la población. Cuando es sabido que la mitad de los hogares franceses no paga impuesto sobre la renta, uno se da cuenta del esfuerzo exigido a los contribuyentes de Francia.

Abundando más en el detalle de Francia, como caso paradigmático: el 1% de los contribuyentes franceses más ricos pagan el 45% del impuesto sobre la renta. De modo que bastaría que algunos miles se marcharan para ver disminuir los ingresos por el impuesto sobre la renta. Dando así cumplimiento a la Ley de Laffer, que postula cómo a partir de un cierto tipo impositivo el producto del impuesto en cuestión disminuye.  Lo cual podría llegar a verificarse empíricamente en Francia. Mala noticia para los partidarios de subir los impuestos a toda costa.

Con la retención en origen a la vista, por supuesto justificada por la necesidad de “justicia tributaria” en última instancia, sólo aumentaría la presión fiscal sobre los hogares más ricos. Hoy en día la cuestión clave es la de un sistema de gasto público descontrolado en el que no cuadra la entrada con la salida. Hay que revisar y cambiar las tuberías. Si sabemos que el gasto público representa, por ejemplo en Francia,  el 57% del PIB, ¿qué sabemos realmente acerca de la efectividad de los impuestos y de las filtraciones en la aspiración?

Del mismo modo, ¿qué es lo que realmente sabemos acerca de la eficacia de la redistribución? ¿Estamos seguros de que el dinero recaudado se destina a aquellos que realmente lo necesitan? De hecho, se sabe muy poco acerca de estos temas y esto es esencialmente el problema que desalienta a muchos de nuestros ciudadanos.

Los ricos van a seguir marchándose en cuanto la presión fiscal sea abusiva. Incluso los más concienciados con la distribución de la renta, que los hay, tendrán problemas de conciencia a partir de ciertos límites. De los gobernantes es la tarea de determinar ese límite y no sobrepasar lo que es razonable para la convivencia pacífica de todos.