Archivos Mensuales: noviembre 2013

Residencia y domicilio: la Segunda Bandera

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La que denominamos Segunda Bandera de los PT’s, la de la residencia y el domicilio ofrece muchas alternativas, pero es tan imprescindible como la primera. Como principio de partida, todo PT debe obtener un permiso de residencia en un país distinto al de su nacionalidad (o ciudadanía), es decir, de donde tiene pasaporte. Si nos remontamos a los primeros escritos de Harry Schultz, en su teoría de las tres banderas, la residencia debe ser en un lugar que tenga las características de un paraíso fiscal para personas físicas.

Años más tarde, allá por los años 80, cuando se encontraron Harry Schultz y W. G. Hill, el primero había manifestado ya en diferentes escritos que disponer de una residencia oficial podría no ser necesario ni tan siquiera recomendable, ya que hasta el mejor paraíso fiscal puede cambiar sus reglas. Hacia 1985 se había posicionado totalmente a favor de que ningún gobierno tuviese su registro. Tras su experiencia de 25 años como PT, concluyó que el único momento en que se precisa contacto con un gobierno es aquél en el que expiden tu pasaporte. Una vez obtenido, ya se puede abandonar con presteza el país en donde se ha obtenido.

Residencia y domicilio son dos conceptos que son fundamentales en nuestra relación con Hacienda, ya que en función de dónde provienen nuestros ingresos y de nuestro lugar de vida habitual determina la cantidad de impuestos a pagar. Cada país tiene definido en su legislación fiscal los criterios para determinar si una persona, nacional o extranjera, debe considerarse residente, y por tanto residente fiscal, en ese país. En España, por ejemplo, Hacienda considera residente fiscal, y por tanto sujeto obligado tributario, a todo aquél que permanezca más de 183 días en territorio español, pero también a todo aquél cuyo principal núcleo de actividad económica esté en España. Dado que lo primero es actualmente complejo de comprobar en el espacio abierto europeo, Hacienda prefiere centrarse en lo segundo, es decir en investigar de dónde provienen realmente nuestros ingresos.

Es posible cambiar de residencia, e incluso documentarlo adecuadamente para demostrarlo ante Hacienda, pero son bien conocidos los casos de famosos deportistas, actores y cantantes que sólo residían en Andorra, Mónaco o Suiza sobre el papel, y eran constantemente aireados por los medios paseándose por España. Debemos partir siempre de considerar la inteligencia del adversario, en este caso nuestro derrochador gobierno, y por tanto, cuando abordemos un cambio de residencia éste debe ser real y demostrable, no hay otro camino.

Como ya puede fácilmente suponerse, dejar de ser residente en nuestro propio país, y dejar de presentar la “querida” declaración de Renta no es sencillo. Las autoridades fiscales te consideran por defecto residente hasta que no se presente un certificado emitido por las autoridades fiscales del nuevo país al que nos hayamos trasladado, en el que se acredite que somos residentes efectivos y que pagamos impuestos allá. Aún y así, la legislación establece claramente que si el país de destino se halla en la lista de paraísos fiscales establecida por la propia ley, la obligación de tributar se extiende hasta cinco años después de haber abandonado España.

Por este motivo, el plan del Dr. Hill no es tan sencillo. Propugna no residenciarse en ningún país y adoptar el status de turista no permaneciendo más de tres meses en el mismo país. Si ningún gobierno nos registra en sus archivos, habremos alcanzado el óptimo perfil bajo tan deseado y desapareceremos de todas las bases de datos.

Considerando las posibilidades reales, es posible residenciarse en otro país con un tratamiento fiscal más favorable que España, la cual está empezando a alcanzar la barrera de los impuestos confiscatorios en lo que a clase media se refiere, como podría ser Irlanda, Bulgaria, Letonia o Portugal, ninguno de ellos paraíso fiscal según la ley actual. Y, claro, ello implica marchar a vivir, trabajar y estar en ese país los períodos necesarios para justificarlo adecuadamente. A continuación, una vez obtenida la documentación y superado el escollo de la obligación de seguir tributando durante cinco años, ya es posible trasladar la residencia a un auténtico paraíso fiscal de personas físicas como Mónaco, Andorra o Bahamas. O simplemente dejar de rellenar impresos e iniciar nuestra vida seminómada de turista perpetuo, siempre y cuando dispongamos de una ocupación virtual que nos procure el sustento…. O vivir de renta..

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Pasaporte y ciudadanía: la Primera Bandera

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La primera bandera, y quizá la más importante para un PT, es la ciudadanía. Una ciudadanía doble, o múltiple, hace mucho más agradable la vida de un PT. La permite la libertad de movimientos casi total sin tener que sujetarse a las rigideces de ser súbdito de un gobierno determinado. En función de cada destino, el PT selecciona los documentos de viaje más apropiados, a fin de minimizar las restricciones y de no levantar sospechas indeseables.

Además, y en esencia, una doble o múltiple nacionalidad es el primer paso para mudarse a una vida libre de impuestos. Para ello, los PT tienen una opinión particular sobre el significado de los pasaportes. Para ellos, los pasaportes son meros documentos de viaje sin ningún nexo patriótico o de pertenencia a un determinado país, cultura, etnia o religión. Incluso, como norma, un PT nunca vive en el estado que figura en su pasaporte. Sólo lo usa para cruzar fronteras del modo más conveniente. De modo inverso, el PT usa un documento alternativo cuando se halla de visita en el estado del que es ciudadano. Para el PT, un pasaporte sirve para viajar a cualquier lugar del mundo excepto al que tiene impreso en su portada. Si un PT nunca visita el estado del que tiene la nacionalidad como un ciudadano conocido y documentado, es muy difícil que el Gobierno pueda reconocerle y obligarle a pagar impuestos, a prestar servicios militares, o a cualquier otra ingerencia en su vida personal privada.

Sin embargo, es preciso ponerse en contacto con el Gobierno cuando llega el momento de renovar el pasaporte, aunque esto siempre puede hacerse en una embajada del extranjero. Y además, dada la duración media de los pasaportes, esto va a ocurrir sólo una vez cada diez años.

El camino a recorrer para obtener esta deseada doble o múltiple nacionalidad es largo, delicado y no exento de peligros y fraudes. Es por ello por lo que siempre se recomienda actuar con mucha anticipación, ya que entonces se pueden utilizar las vías legales, que existen, sin necesidad de correr riesgos o de ser estafados, lo cual es altamente probable si se usan servicios que prometen rapidez y pocas preguntas, a precios asequibles, como muchos que pueden fácilmente hallarse en Internet.

Hay que dedicar una extensa reflexión a elegir la nueva nacionalidad ya que debe ser un complemento para el resto de baderas entre las que vamos a dividir nuestra vida. Debe permitir viajar por gran parte del mundo sin visados, debe tener una duración de al menos 10 años, no debe requerir visado de salida del país de origen, y debe ser renovable con facilidad.

Por otro lado es altamente recomendable que el país elegido sea coherente con nuestro aspecto físico y étnico y que hablemos con soltura el idioma nativo del país en cuestión. Además nuestro nuevo pasaporte no debe ser de un estado hostil al original, ni al revés. Existen países pequeños e inocuos que ofrecen las mejores posibilidades.

Ante el cúmulo inicial de dificultades que supone la obtención de la múltiple ciudadanía, cabe preguntarse si realmente vale la pena. Para quienes han llevado una existencia pacífica, en una mismo lugar, puede cabalmente no tener mucho sentido, sobretodo si no se han sentido agredidos por el sistema, viendo su privacidad comprometida o su libertad de acción coartada. Pero los que descubren los horizontes abiertos de la cultura PT, rápidamente se transforman en entusiastas y se aplican con todas sus fuerzas a obtener una colección de pasaportes. Son muchos los que quedan paralizados al oir hablar de pasaportes y ciudadanía desde una óptica de mera conveniencia comercial, ya que la mística de la pertenencia a la patria se desvanece de repente y deja pasao a un sentimiento de desamparo, uf!, quedarse sin patria y sin bandera!. Desgraciadamente, todos sabemos cuál ha sido el resultado de patriotismos exacerbados: dos guerras mundiales.

Del mismo modo, existe una tendencia en los estados a considerarse ungidos por algún tipo de bendición celestial: los Estados Unidos se creen en el deber y derecho de ejercer de policías del mundo, en España nos creemos los más simpáticos y espabilados, con una gracia incomparable y presumimos de ser el lugar donde mejor se vive en el mundo, sin entrar en el fervor religioso. Los alemanes se siguen creyendo los amos tecnológicos del mundo. Los franceses son la nación más autocomplaciente del mundo. Los argentinos, no digamos….

Lo único cierto es que tras esta estela de disparates y su correspondiente santuario de héroes, patriotas e ídolos, se esconde un poder capaz de subvertir la capacidad de raciocinio de las masas y llevar el agua al molino de quien interese en cada momento, siempre en beneficio de las castas dominantes.

En resumen, según el experto Mark Nestmann, estas pueden ser las ventajas a considerar que justifica la obtención de uno o más pasaportes, es decir, de una o más nacionalidades o ciudadanías:

 Amplia las posibilidades de viajar por el mundo. Incluso poseyendo un pasaporte que permita fácilmente los viajes internacionales, puede darse el caso de obtener una denegación de visado por circunstancias temporales particulares, embargos de terceros países, conflictos u otras dificultades.

 Reduce o modifica el perfil personal ante ataques terroristas, esto es especialmente interesante en el caso de nacionales de países expuestos a secuestros aéreos o a venganzas políticas, com es el caso de los ciudadanos estadounidenses. Si se viaja con un pasaporte emitido por un país neutral, se reducen notablemente estos riesgos.

 Ofrece mayor privacidad. Los modernos pasaportes biométricos con chip incorporado pueden dejar rastro de los países visitados y ocasionar no pocos inconvenientes al regresar al país propio. Usando un segundo pasaporte para el viaje, no se dejan rastros en el pasaporte principal, de los países visitados.

 Un segundo pasaporte sirve de reserva en caso de verse envuelto en incidentes. En esos casos una de las primeras medidas judiciales es retirar el pasaporte al imputado, para prevenir el riesgo de fuga. Si se posee un segundo pasaporte, la medida pierde efecto notablemente.

 Da el derecho a residir y a trabajar en otros países. Para un ciudadano de Latinoamérica, por ejemplo, un pasaporte de la Unión Europea permite a la vez viajar, residir y trabajar en los 27 países de la unión.

 Y sobretodo, permite iniciar un esquema de planificación fiscal internacional. Para los individuos residentes en países de alta tributación, éste puede ser el inicio de una sustancial mejora de su relación fiscal.

En el próximo post dedicado a esta bandera, exploraremos más en detalle cómo obtener segundos ( y terceros…) pasaportes.