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Los peligros del fin del dinero en efectivo siempre acechan….

Hacia principios de este mes de diciembre, una columna bloguera en un conocido periódico gratuito español se hacía eco de los peligros de la desaparición del dinero en efectivo.  Además de alumbrar unos muy interesantes (y escalofriantes) datos, daba un repaso ejemplar a los peligros de los medios de pago electrónicos y a la engañosa sensación de riqueza momentánea que producen.

Efectivamente, Irene Lozano nos mostraba cómo por primera vez, en 2016, los españoles han pagado más con tarjeta (27.816 millones) que con dinero del cajero (26.603 millones). Hay que ver cómo gastamos….Constata asimismo la enorme ofensiva de todas las entidades financieras en facilitar cualquier pasarela de pago electrónica, ya no con la simple tarjeta de crédito, ahora contactless, sino también con el móvil , todo bien rápido y universal, para que, sobre todo, no nos de tiempo a pensar y cedamos al impulso, que es de lo que se trata, de inmediatez y poca reflexión.

Y también demuestra su clarividencia al denunciar cómo los bancos son los primeros interesados en erradicar el efectivo, bueno, los primeros no. El primer interesado son los Gobiernos. Esto sí es Gran Hermano servido en bandeja ( Si Orwell levantara la cabeza…)

Absolutamente certero el comentario que hace con respecto al sentimiento conocido como “dolor de pagar”, esa autoprotección que nos salva de malgastar nuestro dinero. Los medios de pago electrónicos relajan ese dolor de pagar a nada porque dan la falsa sensación de ser inagotables. Y si  eso añadimos el componente de la inmediatez, la capacidad de satisfacer cualquier capricho en el acto, entonces nos hallamos ante verdaderas armas de destrucción masiva para la economía individual.

Está claramente demostrado que pagar en efectivo disminuye las compras impulsivas y que administrarse el mes en efectivo  te hace ser infinitamente más conservador que con cualquier otro medio de pago. En todo curso para aprender a manejar la economía individual hay un gran principio: dispón de efectivo para todos tus gastos  y adminístrate viendo cómo se gasta y cuanto queda en todo momento, olvida las tarjetas en casa y desde luego nada de apps para pagar desde el móvil.

El contacto con el dinero en efectivo, en cantidades moderadas, te centra en tu relación con el gasto. Es conocida la anécdota del famoso especulador Jesse Livermore quien, tras pasar un año especulando en la Bolsa grandes cifras, pedía por favor a su banquero de confianza que le dejase pasar una noche en la cámara acorazada del banco para tener un contacto físico con el dinero en efectivo y tomar conciencia de lo que pasaba por sus manos cada día de mercado.

La impunidad con la que las entidades financieras nos imponen su modelo de transacciones sin efectivo, a la vez que imponen todas las restricciones posibles a los pagos en efectivo bien arropados por la legislación de los gobiernos, nos demuestra claramente a donde se quiere ir.  A una sociedad de economía controlada, a cuentas de particulares que se pueden intervenir en todo momento y a una pérdida total de privacidad en cualquier transacción. Pero creo firmemente que aún hay un lado más perverso, se quiere una sociedad endeudada hasta las cejas, que gasta descontroladamente y está a merced de banqueros y políticos. El escenario ideal.

Sí, se objetará el eterno tema de la lucha contra l economía sumergida y la lucha contra el blanqueo, pero a estas alturas todos sabemos que existen otras vías para luchar contra ello y que la delincuencia tiene mil maneras de burlar estas situaciones. Es el viejo debate sobre cómo cambiamos privacidad por (falsa) seguridad.

Como asesor financiero siempre es ésta mi recomendación fundamental: pagarse primero a uno mismo, separar el ahorro del resto de dinero disponible y colocarlo de forma lo más inaccesible que se pueda. Por definición, el ahorro no debe estar alcanzable. De modo que ha llegado la  hora de llevar el agua a nuestro molino: para este fin nada más recomendable que cuentas bancarias y fondos en países extranjeros,  cajas de seguridad en jurisdicciones fiables, oro físico y activos de liquidez controlada.

Y por supuesto, como manda el sentido común, hacer exactamente lo contrario de lo que nos recomiendan bancos , políticos y los medios de información. Buena travesía.

 

 

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Tipos negativos y guerra al efectivo: peligro !!!

La proliferación de medidas contra el uso de efectivo está empezando a ser preocupante en muchos países occidentales. Además de las limitaciones, cada vez de menor cuantía, a los pagos en efectivo, por ejemplo en España de 2.500 € o en Francia de 2.000 €, llegan ahora los pagos a través del móvil y las tarjetas contacless. Cuando estos nuevos sistemas se hallen ampliamente popularizados, prácticamente podrá dejar de usarse el efectivo, lo cual será una perfecta excusa para que los bancos empiecen a retirar cajeros automáticos de costoso mantenimiento y mucha servitud de reposición.

Poco a poco, quizás imperceptiblemente, se irá haciendo más costoso obtener efectivo de nuestra cuenta bancaria. Los bancos darán facilidades a los medios de pago electrónicos y dificultarán la obtención de efectivo, y hasta es posible que se generalicen las  comisiones altas  por retirada del mismo.

De modo que sin darnos cuenta estaremos completamente a merced de los bancos, que podrán hacer lo que deseen con nuestro dinero. Más o menos como ahora, pero peor.  Es probable que nos puedan cobrar comisión por todo, sea cual sea el medio de pago que usemos.

Pero a toda esta corriente evolutiva se une otro acontecimiento que pone en peligro, y mucho, la salud de nuestros activos monetarios en los bancos. Se trata de los tipos de interés negativos. Los tipos negativos consisten, como ya es sabido por casi todo el mundo, en que el banco cobra por guardar nuestro dinero y no sólo no paga intereses sino que descuenta un pequeño porcentaje al año del mismo, en concepto de interés…..negativo.

Cuando países como Suecia, Alemania o Suiza han adoptado tipos de interés negativos, es para empezar a preocuparse. Significa lisa y llanamente que pagas por prestarle dinero a alguien. Y ese alguien puede ser el Estado. Los tipos negativos son la panacea para los Gobiernos dilapidadores: cuanto más malgasten, más se endeudan. Y encima más intereses cobran. Es un sinsentido financiero que no puede acabar bien.

La inmensa mayoría de personas cobran una nómina y las empresas sólo pagan mediante ingreso en cuenta. Con lo que todos estamos obligados a mantener una cuenta bancaria. No se puede estar fuera del sistema. Pero debemos tomar serias precauciones ante esta nefasta conjunción de fenómenos que son los tipos negativos y la guerra al efectivo.

Si nuestro dinero no produce intereses, será mejor que no esté en el banco, y volver al colchón de la abuela. Y si no nos fiamos de los papelitos de colores que Draghi imprime cuando quiere, pues habrá que pensar en monedas de plata y oro, regresando al siglo XVI. Pero que nadie se llame a engaño. Están atacando al ciudadano de a pie donde más duele: apropiándose de su dinero (vía comisiones o intereses negativos) o directamente haciendo que éste pierda valor. O ambas cosas. Peligro !!!

 

 

 

 

 

 

 

 

Los peligros de la desaparición del dinero

Hace ya tiempo que se vienen oyendo diversos mensajes en los medios de comunicación sobre la cada vez más probable posibilidad de desaparición del dinero en efectivo. Los sistemas de pago que utilizan el teléfono móvil como vehículo pueden dar, según los expertos, la estocada final al dinero en efectivo.

En estos últimos días, en un periódico de gran tirada en España. aparecía en la contraportada una entrevista a un especialista en criptocomunicación que asesora a la banca hacia la transición a un mundo sin dinero en metálico.

La enorme comodidad que suponen los medios de pago por Internet y a través de las aplicaciones de la telefonia móvil esconde otro atentado a la privacidad de nuestros actos. Canjeamos comodidad por privacidad. A mayor comodidad e inmediatez, menos privacidad y más fiscalización de nuestras acciones por todo tipo de intermediarios electrónicos.

No hace falta ser muy paranoico para imaginar que todos estos intercambios electrónicos serán objeto de vigilancia por las autoridades fiscales y que su objetivo prioritario será convertir, mediante ordenanzas, decretos y leyes, a todos los procesadores de pagos electrónicos en fieles informantes de la Hacienda de turno, siempre con el fin de detectar al desgraciado infractor de medio pelo, nada que hacer con los megainfractores que nadan en la impunidad mas oculta.

Volviendo al artículo citado, es curioso como a media entrevista ya trasluce que más importante que la comodidad, lo importante va a ser la fiscalización absoluta de todas las transacciones y que los pagos en metálico pasarán a convertirse en sospechosos o directamente ilegales (cito literalmente). El sueño de Hacienda hecho realidad: la desaparición del dinero negro, a costa de pagar David por Goliath, claro…

Personalmente, no creo que nuestros gobiernos dispongan de un grado de madurez suficiente como para confiar en ellos ciegamente, y que podamos entregarles nuestra privacidad en plena confianza de que no se producirán abusos. Más bien creo que podemos esperar más de lo mismo y a peor en todo caso. De ahí la importancia de nuestra lucha por la privacidad contra el omnipotente Estado que considera rebaño a los ciudadanos libres. De ahí nuestra defensa de la filosofía PT como salvación, y de ahí la necesidad de defender nuestra libertad de acción con el único límite de no interferir en la de los demás.

En países más avanzados, y éste sería el caso de los Estados Unidos, por ejemplo, ya ha empezado la publicidad interesada para convencer a las masas de que el dinero ya no hace falta, y que para la comodidad, seguridad y confort de la población en general, puede liquidarse el billete verde. Ay del día en que esto ocurra! porque Orwell se habrá quedado vedaderamente corto !

Es algo muy preocupante. Para estar preparado para ello, hay que actuar sin demora. Hay que disponer de cuentas en el extranjero, en divisas de las que no quepa duda de que no suprimirán el metálico (francos suizos quizá?) y metales preciosos en proporción adecuada, custodiados en países neutrales con honda tradición liberal y de seguridad financiera. Cualquier día podemos recibir un comunicado del banco en que nos anuncien que cierran los cajeros automáticos. Alerta, pues.