Un buen año…..sin Gobierno!!!!

Tras un paréntesis demasiado largo para el gusto del que escribe, debido a viajes y compromisos profesionales,  tengo el placer de reproducir en este blog, para darle mayor audiencia si cabe, un post extraído del portal Inversor Global y que firma Alberto Redondo, colaborador habitual de este portal sobre inversión y oportunidades en el mundo financiero.

El texto destaca y ratifica uno de nuestros mantras principales: que cuanto menos gobierno mejor y que su relevancia en el bienestar de la sociedad está muchas veces sobrevalorada. Disfrutad la lectura y gracias a Alberto por estas reflexiones.

2016 pasará a la historia de España por dos cosas: por ser el año en el que estuvimos 10 meses sin gobierno y por ser el mejor año para el empleo hasta ahora, ya que 390.534 personas salieron del paro, la mayor cantidad en un solo año desde que se contabiliza esta magnitud.

Resulta paradójico que, en un año en el que la oferta de empleo público se ha congelado, el empleo total generado sea superior al medio millón de personas, con 540.655 personas que en la actualidad cotizan a la Seguridad Social y hace un año no lo hacían.

Ante estos hechos debemos preguntarnos si es casualidad que justo el mejor año para el empleo sea el único año en el que España no ha contado con un gobierno con capacidad de legislar.

Mi opinión es que, si bien no podemos atribuir los excelentes datos de empleo del año pasado a la ausencia de un gobierno exclusivamente, sí creo que la menor actividad del sector público en este sentido ha beneficiado al sector privado.

En Inversor Global tenemos la convicción de que el Estado, lejos de contribuir al crecimiento económico y a la creación de empleo subvencionando sectores ineficientes e incompetentes, pone trabas a las empresas y a los emprendedores que generan crecimiento económico y prosperidad con impuestos y regulaciones a menudo excesivas.

Ejemplos de sectores ineficientes que sobreviven gracias a la asistencia del Estado abundan en España. Desde el cine español a las grandes infraestructuras deficitarias como las autopistas rescatadas, pasando por las cajas de ahorros o las televisiones públicas.

Estas empresas y sectores absorben todos los años miles de millones de euros en recursos generados por empresas y trabajadores competitivos, con el Estado como intermediario, supervisor y promotor de esta transferencia de riqueza.

Resulta curioso, como decía al principio de la columna, que justo el año en el que el Estado ha tenido las manos más atadas para intervenir en la economía, ha sido uno de los años más positivos para la actividad económica y sobre todo para el empleo.

Sin embargo, a pesar de la evidencia empírica que demuestra que más Estado no es más crecimiento económico sino todo lo contrario, para los próximos años es previsible que la influencia del Estado aumente en la economía.

Al cierto consenso en torno a un modelo de Estado socialdemócrata que existe entre todas las fuerzas políticas con representación parlamentaria, hay que añadirle la creciente influencia del Partido Socialista tanto como parte necesaria para la aprobación e implementación de nuevas iniciativas legislativas, como por su capacidad para vetar aquellas iniciativas promovidas por el Partido Popular o por Ciudadanos que no cuenten con su respaldo.

Ya la semana pasada hacía mención en mi columna “Víctimas de las apariencias políticas” que el PSOE se encuentra en una posición difícil ante su nueva postura más proclive al entendimiento con el Partido Popular y que, para mantener satisfechas a sus bases –contrarias en gran medida a este entendimiento-, iba a hacer de la derogación de la reforma laboral su caballo de batalla para contener el avance de Podemos como fuerza política de referencia en la izquierda.

La mayor implicación de los políticos en la regulación del mercado laboral contribuirá a que previsiblemente, junto con una ralentización del crecimiento económico que pronostican algunas instituciones, en 2017 no se alcancen las cifras de creación de empleo que vimos el año pasado.

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Corralito en la India, y……?

En noviembre del año pasado,  sin previo aviso, el primer ministro de la India anunció que los billetes de 500 y 1.000 rupias iban a dejar de ser de curso legal en menos de cuatro horas, con el supuesto propósito de combatir la economía sumergida, que según se dijo alcanza al 20% del PIB.

Las protestas y los disturbios no se hicieron esperar, obligando a millones de ciudadanos a hacer largas horas de cola en los bancos para cambiar su efectivo en billetes de gran denominación por otros  nuevos, incluyendo al de 2.000 rupias, con mejor tecnología anti-falsificación.

El momento del cambio se aprovecha para escudriñar el origen de los billetes. Y la población padece una crisis general de efectivo por lo que todo el mundo mira sus gastos al milímetro, produciéndose un enorme descenso en el consumo.Se habló de una reducción en el PIB hindú del 2 %. Tras casi una semana, los comerciantes se quejan de un estancamiento de las ventas y muchos ciudadanos carecen de dinero en efectivo para comprar los productos más básicos, mientras crecen las colas en los cajeros automáticos y bancos.

Ante el creciente descontento, el Gobierno anunció que incrementaba en 500 rupias el máximo diario a cambiar en bancos, hasta ahora de 4.000 rupias (unos 55 euros), y en el de retirada en cajeros, que estaba fijado en 2.000 rupias (27 euros).

En los pueblos se recurre al trueque ante la falta de efectivo y en las ciudades los trabajadores autónomos ven caer en picado sus ingresos.

Mientras tanto, los grandes depositarios de dinero negro, los que de verdad conocen y dominan la economía sumergida, hace tiempo que han cambiado el mismo por oro, inmuebles o valores. Los joyeros y las tiendas de productos de lujo hacen su agosto durante las últimas horas de vigencia de los billetes, incrementando su margen más del 100%. ¿Quién sale entonces realmente perjudicado con la medida?

El gobierno advierte que cada vez se autorizarán menos operaciones con billetes antiguos y que las cuentas corrientes con saldos mayores de 3.500 euros (al cambio) serán investigadas. Al dinero negro regularizado se le aplicará una multa del 50% y al que no que sea descubierto, del 85%.

Los empresarios alquilan las libretas de ahorro de sus empleados a cambio de una comisión para guardar ahí el dinero  no declarado.

Y todo eso en un país donde la mitad de la población no tiene cuenta corriente y sólo un 22% posee una tarjeta de débito.

Parece ser que el motivo real de la medida fue estrangular la compra de votos  por parte de la oposición en vísperas de elecciones. En fin, si un gobernante puede sumir al país en el caos, por algo así, claramente se ha traspasado el límite de la supervivencia para la gente corriente.

Esto fue lo que ocurrió en la India en noviembre, pero……..¿suena tan alejado e imposible para cualquiera de nosotros, conociendo a nuestros políticos y a nuestras élites? Da que pensar, y de paso da bastante miedo, que pueda llegar a ocurrir algo semejante en nuestro propio país. La posibilidad existe. Y todo aquél que tenga unos ahorros o patrimonio a preservar, pequeño o grande, haría bien en investigar soluciones a situaciones como las descritas. Desde luego, el recurso a cuentas en divisas en el extranjero y metales preciosos almacenados fuera del sistema bancario en jurisdicciones seguras y estables son la primera y más importante medida a tomar.  Con calma, tiempo por delante y antes de que ocurra nada. No cuando ya sea demasiado tarde.

MALAYSIA, MY SECOND HOME???

El programa de inmigración puesto en marcha por el gobierno de Malasia, conocido por sus siglas MM2H (Malaysia My Second Home) se ha hecho famoso por las supuestas ventajas que aporta a los que se acogen al mismo.

Se trata de un visado a largo plazo que permite a los extranjeros residir en Malasia todo el tiempo que quieran. Lo creó el Gobierno de Malasia en el año 2000 como un modo de atraer a los extranjeros para residir durante largos periodos de tiempo o jubilarse en el país. Para la gente joven, es un visado a largo plazo. Pueden trabajar desde casa o tener su propio negocio en otro país y gestionarlo desde Malasia. Para las personas mayores, es un visado de jubilación.

Cuando se creó el visado MM2H, se comparó con otros programas similares de otros países. El MM2H corrigió las deficiencias y quejas de los otros programas para convertirse en el programa ideal. Algunas de estas quejas eran:

  • El visado de jubilación solamente es válido durante uno o dos años (10 años en el MM2H)
  • Abierto solamente a personas de más de 50 o 55 años (la edad mínima en el MM2H es de 21 años)
  • La renovación del visado es complicada, ya que depende de la oficina local de inmigración, que puede interpretar las solicitudes de diferentes maneras. (la aplicación y renovación de MM2H está centralizada en una sola oficina)
  • Las condiciones y los requisitos cambian continuamente, lo que disuade a los solicitantes (el MM2H te permite renovar con los mismos requisitos que cuando se formalizó la solicitud original (hasta 10 años antes).
  • Los extranjeros tienen que permanecer en el país durante un cierto número de día para que el visado sea válido. (con MM2H no hay un “mínimo de días de permanencia” y se puede entrar y salir de Malasia todas las veces que se desee)..
  • Los extranjeros tienen que comprar/alquilar una vivienda o contratar a una criada. (MM2H no obliga a nadie a comprar o alquilar una vivienda ni a contratar a una criada).
  • Los extranjeros tienen que comparecer ante el Departamento de Inmigración y la Policía cada varios meses. (MM2H no solicita una dirección ni obliga a nadie a comparecer ante personal del gobierno. Puedes desaparecer en el país, solamente debes acatar la ley y las sencillas normas del MM2H)

Desde el punto de vista fiscal, la opción resulta interesante porque en Malasia no hay impuesto de sucesiones y la residencia fiscal permite prácticamente quedar excluido del impuesto sobre la renta. Los extranjeros pueden comprar propiedades y ponerlas a su nombre (con mínimas restricciones) y Malasia es el único país de Asia que permite a los extranjeros comprar tierra a su nombre sin necesidad de tener un socio/empresa o un cónyuge del país. La compra de un coche también está exenta de impuestos.

El visado MM2H no permite trabajar en Malasia para una empresa del país y cobrar en Ringgit. Pero sí se puede trabajar para empresas de fuera de Malasia con el visado MM2H.

Los requisitos son algo exigentes: se distingue entre mayores o menores de 50 años y se pide un depósito de hasta 500.000 Ringgit (105.000 €) así como unos ingresos mensuales de como mínimo 10.000 Ringgit (2.100 €)

En una visita reciente a Kuala Lumpur he podido constar un poco la realidad de la vida diaria en el país. Indagando la opinión de los locales he podido comprobar que en realidad parece que existen bastantes “peros” a convertir Malasia en nuestro segundo hogar.

Una de las razones son las molestias burocráticas, siendo una de las más preocupantes la poca diligencia de los ministros y altos funcionarios gubernamentales de Malasia. Los malasios tienen la impresión general de que no poseen el gobierno que merecen.

Se han producido numerosos casos de corrupción en las agencias autorizadas para gestionar la obtención de los visados, se han perdido depósitos y se ha cobrado más de la cuenta en gestión: hasta 15.000 US$ (52.500 Ringgit) cuando la tarifa máxima establecida por el gobierno es de 2.500 US$ (8.750 Ringgit).

Y al parecer los beneficios no son atractivos, por lo que muchos han decidido ir a Singapur o Tailandia.

Hasta la fecha, el mayor número de interesados han sido de China y Bangladesh, con un pequeño número de japoneses y surcoreanos. Recientemente, se ha visto una oleada de iraníes – ciertamente no los europeos, como era esperado.

El objetivo del programa era atraer a la gente “rica” para pasar sus años crepusculares en Malasia trayendo dinero y así ayudando a la economía. La realidad queda por el momento bastante lejos de eso.

La principal razón por la que se decide no acogerse al programa es la corrupción desenfrenada en todas las esferas de la sociedad malasia, la ruptura de la ley y el orden, el racismo, la falta de libertad de expresión, el pésimo servicio y la actitud de los funcionarios tras de los mostradores de información.  Estas son sólo algunas de las frustraciones que se experimentan y ven de primera mano en visitas frecuentes a Malasia.

No tiene nada que ver con el exceso de manifestaciones callejeras, como dicen los políticos. Tailandia tiene un programa similar y al parecer más exitoso. Tailandia tiene más  manifestaciones en sus calles y los extranjeros siguen acercándose a Phuket, Pattaya, Chiang Mai y Bangkok para un segundo hogar, especialmente los alemanes y los europeos del norte.

Esto es así es porque los tailandeses son un pueblo muy acogedor y hospitalario y Tailandia es más segura pues sus leyes también protegen a los extranjeros. A diferencia de Malasia, donde se cuenta que la policía religiosa incluso detuvo a una pareja de ancianos casados por supuesto delito de khalwat (proximidad excesiva en público). Una pena para otro pueblo en general muy acogedor, como es el malasio.

Si Malasia continua con sus “travesuras” religiosas no encontrará a nadie dispuesto a quedarse ahí, excepto los indonesios, los bangladesíes, los paquistaníes y algunos pícaros de África. El turismo de este país se va por el desagüe debido al chovinismo del gobierno. Además, Malasia ya no es un lugar tan seguro para los turistas, dado que también hay robos y vandalismo.

En Tailandia, la libertad de expresión es algo saludable. De hecho, puede ser una atracción “turística”. Tailandia ha experimentado más de 10 golpes de Estado y manifestaciones innumerables a través de los años y, sin embargo, su número de turistas sigue siendo alto. Basta con comparar su aeropuerto principal con el de Kuala Lumpur.

Con el 2017 llegó la AEOI

Lamento y me disculpo por esta prolongada ausencia que hace parecerme a otro gran bloguero de la causa del Perpetuo Turista:  el amigo Streber de Streber Weekly. Vayan desde aquí saludos para él y su blog.

Todo empezó con un viaje a Malasia, a la que muy pronto voy a dedicar un post para comentar en detalle el famoso programa “Malaysia my second home” abreviadamente MM2H, y en el que bajaremos a los detalles de esta posible segunda bandera.

Pero el retraso acumulado y el hecho de que sea el primer post del año hace que debamos girar nuestra atención hacia el hecho más significativo de los que han ocurrido desde que se iniciara 2017. Se trata cómo no de la entrada en vigor de la AEOI, para los amigos, el intercambio automático de información (Automatic Exchange Of Information) entre países que han firmado el acuerdo de la OCDE. También se le conoce por las siglas CRS, que significan Common Reporting Standards.

54 países han iniciado el intercambio automático de información fiscal en 2017 y otros 47 van a iniciarla en 2018, los cuales pueden verse en los cuadros, directamente publicados por la OCDE. Como puede comprobarse, no se salvan ni los tradicionales paraísos fiscales con el mayor secreto bancario. Suiza, por ejemplo, se incorpora al club en 2018 y a partir de este año sus bancos enviarán religiosamente los datos de sus clientes a la administración fiscal helvética, quien a su vez los enviará a las autoridades fiscales de cada titular de cuenta.

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Los datos enviados será la información sensible como datos del titular, saldo a 31 de diciembre, movimientos significativos, y todo tipo de rentas percibidas en la cuenta. Por tanto, vista la lista de países, ya no quedan opciones para aquél que aún se plantee esconder dinero de la autoridad fiscal. Por lo menos en cuentas a nombre de personas físicas, aunque la obligación de intercambio de información también alcanza a sociedades, fundaciones y fideicomisos (trusts).

Lo advertimos en abril del año pasado (post: Del FATCA al GATCA y a peor). Finalmente no se ha llamado GATCA sino AEOI, pero estamos hablando de lo mismo. Varias son pues las consideraciones que debemos hacer ante esta ofensiva de la OCDE hacia la fiscalidad global:

  1. En primer lugar la AEOI obliga a las entidades financieras, son ellas las que soportan la obligación de informar.
  2. En segundo lugar, las entidades transmiten la información cuando el titular de la cuenta no es residente fiscal en el mismo país. Claro está un país no se informa a sí mismo, ya recibe los datos fiscales por la vía habitual.
  3. En tercer lugar, cuando hay dudas sobre la residencia fiscal del titular, la información se envía a todos los países posibles, por lo que el individuo puede ser requerido para pagar impuestos sobre una misma renta en varios países. En el caso de las sociedades, si el beneficiario último, que debe estar identificado por el banco,  es extranjero, se envía la información al país de residencia fiscal de aquél.

Pero todo está aún por hacer y tanto los bancos como las administraciones fiscales tendrán por delante un duro trabajo si realmente quieren utilizar la información.

Curiosamente, sorprende extraordinariamente que Estados Unidos no está en la lista de países que han firmado la AEOI. Y tiene sentido, porque para los no residentes ahí, los EEUU llevan camino de convertirse en el mejor paraíso fiscal, pues  no es evidente que sus bancos reporten nada. Para el resto del mundo, aplicación a rajatabla del FATCA, pero ellos, a su aire. ¿No es brillante?

No hay mucho modos de rehuir el AEOI. Básicamente tres:

  1. Disponer de cuenta bancaria en países que no hayan firmado ni vayan a firmar la AEOI (poco recomendable por lo remotos e inseguros que pueden ser).
  2. Ceder los activos, desvinculándose de los mismos, mediante donación o cesión.
  3. Trasladar nuestra residencia a un país con fiscalidad territorial o directamente a un paraíso fiscal para personas físicas.

Todas más difíciles de lo que parece y costosas. La AEOI ha llegado para quedarse y exige un posicionamiento nuevo, y desde luego más inteligente que el de simplemente tratar de esconder el dinero en una cuenta por esos mundos.

Socorro!! Los ricos se van….

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Un país con altas cargas tributarias como Francia, que ha considerado tipos marginales de hasta el 75% para las grandes fortunas,  lleva años viendo como sus ricos desaparecen del país.  El número de “exiliados fiscales” aumentó notablemente a partir de 2002, estabilizándose a partir de 2007, año en que se puso en marcha el “bouclier fiscal” (escudo fiscal). A partir de 2010-2011, con los planes de rigor fiscal, aumentó de nuevo la cifra un 60%, sobretodo en los contribuyentes con rentas superiores a los 300.000 €.

Los estudios disponibles muestran sin embargo que los destinos de los exiliados patrimoniales  franceses se repiten rutinariamente. Todos van a los mismos destinos: Suiza, Bélgica o el Reino Unido. Esencialmente los mismos destinos que escogen los exiliados del impuesto sobre la renta, de los cuales, el 70% tiene menos de 40 años. Impresionante.

Los exiliados patrimoniales poseen un patrimonio medio de 6,6 millones de euros mientras que los de la renta declaran una renta anual media de 52.000 €, el doble del contribuyente medio en Francia.

Entre 2012 y 2014 las expatriaciones de los contribuyentes con una renta mayor de 100.000 € han aumentado de nuevo un 40% pasando el número de exiliados fiscales de 2.669 a 3.744. La renta media de los exiliados ha pasado a ser de 265.382 €. Los exiliados patrimoniales también han aumentado un 15%.

A partir de esos años se ha confirmado la tendencia a la huida fiscal de los ricos, es decir, de los talentos creadores de “start-ups” exitosas, jóvenes diplomados de prestigiosas escuelas, empresarios de éxito o de todo aquél que simplemente se gane bien la vida.

Aún hay gobernantes y aspirantes a ello que creen que en un  mundo globalizado se puede aumentar impunemente la presión fiscal, sin que se produzca reacción por parte de los individuos. En la Francia de Hollande, el 75% de los incrementos de impuestos aprobados durante su mandato han sido pagados por el 20% de la población. Cuando es sabido que la mitad de los hogares franceses no paga impuesto sobre la renta, uno se da cuenta del esfuerzo exigido a los contribuyentes de Francia.

Abundando más en el detalle de Francia, como caso paradigmático: el 1% de los contribuyentes franceses más ricos pagan el 45% del impuesto sobre la renta. De modo que bastaría que algunos miles se marcharan para ver disminuir los ingresos por el impuesto sobre la renta. Dando así cumplimiento a la Ley de Laffer, que postula cómo a partir de un cierto tipo impositivo el producto del impuesto en cuestión disminuye.  Lo cual podría llegar a verificarse empíricamente en Francia. Mala noticia para los partidarios de subir los impuestos a toda costa.

Con la retención en origen a la vista, por supuesto justificada por la necesidad de “justicia tributaria” en última instancia, sólo aumentaría la presión fiscal sobre los hogares más ricos. Hoy en día la cuestión clave es la de un sistema de gasto público descontrolado en el que no cuadra la entrada con la salida. Hay que revisar y cambiar las tuberías. Si sabemos que el gasto público representa, por ejemplo en Francia,  el 57% del PIB, ¿qué sabemos realmente acerca de la efectividad de los impuestos y de las filtraciones en la aspiración?

Del mismo modo, ¿qué es lo que realmente sabemos acerca de la eficacia de la redistribución? ¿Estamos seguros de que el dinero recaudado se destina a aquellos que realmente lo necesitan? De hecho, se sabe muy poco acerca de estos temas y esto es esencialmente el problema que desalienta a muchos de nuestros ciudadanos.

Los ricos van a seguir marchándose en cuanto la presión fiscal sea abusiva. Incluso los más concienciados con la distribución de la renta, que los hay, tendrán problemas de conciencia a partir de ciertos límites. De los gobernantes es la tarea de determinar ese límite y no sobrepasar lo que es razonable para la convivencia pacífica de todos.

Una lectura de verano

El verano ya terminó, como decía la canción…..Y me queda en el recuerdo la lectura estival de este año. No ha sido un libro nuevo, sino un clásico que ya tuve ocasión de leer por primera vez en los 80. Un libro de historia, de historia moderna, y de historia de España. Se trata de “La España Imperial” de J. H. Elliott. Leído con los ojos de un historiador o de alguien aficionado a la historia, es un libro gratificante y me atrevería a decir que escrupulosamente objetivo, es sin duda una obra capital para comprender el período que va desde los Reyes Católicas, Isabel I de Castilla y Fernando V de Aragón, hasta la Guerra de Sucesión tras la muerte sin descendencia de Carlos II, el último de los Austrias.

La obra narra el advenimiento del imperio español con Carlos I y los avatares por lo que pasó dicho imperio hasta hundirse en la decadencia a finales del siglo  XVII. Algunos dirán que esta decadencia se instaló permanentemente hasta tiempos modernos, pues el siglo XIX no es precisamente un período de paz y prosperidad para España.

Mi primera lectura de la obra fue efectivamente en clave histórica, y disfruté mucho el rigor aportado y las documentadas precisiones. también a nivel sociológico, que el autor hace de la vida en España en esos siglos. Sin embargo, mi segunda lectura ha sido descaradamente parcial, en clave totalmente sociológica y política, y también económica. Y la impresión cuando se finaliza el periplo por los siglos XV a XVII no puede ser más desolador: el cúmulo de errores cometidos y las nulas aportaciones de sucesivos gobiernos y gobernantes al bienestar ciudadano es espeluznante, y deprimente.

Efectivamente,  el libro repasa cómo Carlos I vivió obsesionado con mantener un imperio de tal magnitud territorial que consumió todos los recursos llegados de América y la propia riqueza de una Castilla que acabaría exhausta por la presión fiscal. Guerras y más guerras, gastos y más gastos, y ninguna acción para promover el bienestar de la población o simplemente allanar el camino para el progreso económico.

Siempre guiados por ideas abstractas como la unidad del imperio, la pervivencia del mundo cristiano o la conquista de nuevas tierras, las empresas reales nunca contemplan el quehacer diario de los colectivos que generan riqueza, justo para ser expoliada por la legión de sicarios al servicio de cada rey, de cada gobierno.

Con la sucesión llega Felipe II, que ha pasado a la historia como un gran rey, pero que vivió entre bancarrotas y anhelos imposibles, como el de la armada invencible,  en una deriva donde su obsesión religiosa cegaba su razón. Felipe III y Felipe IV (ah! qué magistral interpretación la de Gabino Diego en “El rey pasmado”) con sus validos marcan el epíteto final del imperio. Da auténtico pavor, según se avanza en la lectura de la obra de Elliott, observar como uno a uno, ningún rey es capaz de redirigir la sociedad hacia la prosperidad, y como una vez y otra, se dilapida la riqueza de todo un país.

A pesar de la mala fama que arrastra Felipe V por las fechorías perpetradas en el levante español y en particular en Valencia y Cataluña, podría afirmarse que su reinado y el de Carlos III son los únicos en los que realmente se avanza algo en la modernización del Estado.

Sin embargo, acumulamos la experiencia de más de 500 años en los que los gobiernos no han servido prácticamente para nada. ¿Y aún dudamos? El momento actual, en el que España camina hacia unas terceras elecciones y el panorama político es patético, nos sitúa en perspectiva hacia esa historia de España que se rinde a la evidencia: El Estado no sirve y el gobierno es el peor gestor de recursos conocido, cuando no directamente corrupto.

Hay que tomar postura, el conformismo nos lleva a lo que nos lleva, hoy y ahora. Yo, hace ya un tiempo que decidí izar la bandera: la del perpetuo turista. Como Benjamin Franklin: “Donde mora la libertad, allí está mi patria” (Where liberty dwells, there is my country)

Dos grandes razones para no guardar tu dinero en el banco

Ya es bastante malo depositar el dinero en una cuenta bancaria y ganar esencialmente cero interés en él, o en algunos países, ser premiado incluso con una tasa de interés negativa.

Pero es  todavía peor saber que, una vez depositado,  tu dinero ya no te pertenece. Sin saberlo, hemos entregado la propiedad al banco a cambio de una deuda. Nos hemos convertido en acreedores no garantizados de un pagaré.

Y lo peor de todo es el “bail-in”, con el que todos nos familiarizamos en 2.013 durante el colapso bancario en Chipre. Algunos depositantes no asegurados recibieron la mitad de su dinero de vuelta, y en un banco, los clientes no recibieron ni un céntimo por encima de la cantidad “asegurada”.

En 2014, los líderes del Grupo de los Veinte (G-20) – que representan a las 20 economías más grandes del mundo – declararon solemnemente  que el modelo de Chipre sería de aplicación global a partir de ese momento. Lo hicieron a través de una soporífera declaración titulada: “Adecuación de la capacidad de absorción de pérdidas y de recapitalización de los bancos de importancia sistémica mundial“.

Los depósitos en los bancos que son “demasiado grandes para caer” servirán para recapitalizar con prontitud sus deudas no aseguradas. ¿Y adivinas qué? La mayor parte de la deuda sin garantía serán tus depósitos bancarios. Los bancos insolventes se recapitalizarán  a sí mismos mediante la conversión de tus depósitos en acciones del banco sin valor. Y ello para evitar los impopulares rescates ocuridos  durante la última crisis financiera, que fueron financiados por los contribuyentes.

Ah, y  no sólo esto … el G-20 ha declarado también que los contratos de derivados financieros – los productos tóxicos que Warren Buffett denomina “armas financieras de destrucción masiva” – son deudas aseguradas. Debido a que tus depósitos bancarios son la única deuda no garantizada del banco, adivina quién obtiene tu dinero si las apuestas que haga el banco van por camino equivocado. Respuesta: Tú desde luego no, eres el último acreedor.

Si las apuestas del banco salen bien,él  gana. Si le salen mal, tú pierdes tu dinero en el banco.

Está también prácticamente garantizado que en la próxima crisis financiera, habrá una gran cantidad de quiebras bancarias. Y esto a pesar del hecho de que la corriente principal de los medios de comunicación financiera nos asegura que los bancos centrales han impuesto requisitos de capital más elevados, pruebas de esfuerzo, etc., sobre los bancos para asegurar que cuando los “grandes” colapsen, tus depósitos estarán seguros.

No hay que creer ni una palabra de lo que dicen. La cantidad de capital que los bancos mantienen en comparación con el dinero en depósito es alarmantemente desigual. En los EE.UU., los cinco bancos más grandes tienen un ratio de capital como porcentaje de los activos de sólo el 6%, a pesar de que es el doble de lo que era en 2008. En efecto, si cada depositante en un banco exige su dinero al mismo tiempo – el clásico “pánico bancario”– los bancos más grandes de Estados Unidos podrían devolver sólo seis centavos de dólar antes quedarse sin dinero. Y puesto que la mayoría de los bancos no mantienen una gran cantidad de dinero en efectivo, incluso podría ser menos.

Claro, siempre está el Fondo de Garantía de Depósitos (o el FDIC en EEUU), pero…. ¿todavía nos creemos que ante un pánico bancario masivo el Estado dispondrá de efectivo para proteger los primeros 100.000 € de los depósitos de particulares?

Vale la pena recordar que, históricamente, los bancos estaban mucho mejor capitalizados. Por ejemplo, en 1842, los bancos de Estados Unidos tuvieron un índice de capital promedio de 60%, diez veces mayor que la de los bancos más importantes en la actualidad. Esa era una época en la que la competencia bancaria se basaba en la seguridad porque no existía la garantía de depósitos.