Los papeles de Panamá, “revisited”

Ya habíamos publicado un post sobre el tema. Termino ahora la lectura del libro publicado por los periodistas de investigación cuyo  trabajo permitió el acceso de unos 400 periodistas del ICIJ  a un monumental cúmulo de documentos de más 200 Gigabytes, destapando la operativa del bufete panameño Mossack Fonseca entre los años 1977 y 2015. Se trata de los hermanos Bastian y Frederik Obermayer, del Suddeutsche Zeitung, de Múnich.

La obra resume los casos más sonados descubiertos por el momento, pues todavía queda mucho por investigar, los cuales implican a gobernantes, estrellas del espectáculo, empresarios globales, deportistas y muchos políticos. Todos ellos tuvieron relación  con  el bufete panameño a través de intermediarios, algunos pocos directamente, para la creación de estructuras societarias “offshore” mediante las cuales gestionar asuntos y bienes de forma privada, ocultándolo a sus conciudadanos, al fisco de su país o a otros socios indiscretos.

A lo largo de 29 capítulos se describen estos casos ejemplares, explicando con detalle cómo los periodistas de investigación van acorralando poco a poco en la contradicción a los que niegan ninguna relación con la industria de las corporaciones  “offshore”.  Algunos casos ponen verdaderamente los pelos de punta, y en general es desolador comprobar el panorama mundial que ofrecen los políticos y mandatarios públicos, sea cual sea su origen e ideología. Por si nos fiábamos poco de los políticos, esta lectura es el martillazo que remacha el clavo.

Sin embargo el motivo de este post es de crítica al libro publicado por los hermanos Obermayer. A lo largo de sus páginas se cae de nuevo en la demonización de los así llamados paraísos fiscales (recordemos que en inglés “tax haven” significa refugio fiscal….) y por supuesto del malvado bufete autor de los hechos. Es indudable que el bufete Mossack Fonseca, llevado probablemente por una codicia no bien medida, caminó excesivamente al borde de la legalidad en muchos casos y en más de uno la desatendió directamente. Pero la globalización tiene este reverso, no se puede defender la globalización según cómo sopla el viento.

Siempre decimos que los ciudadanos corrientes no hemos inventado la globalización, nos la hemos encontrado hecha e impuesta. Y el que obtenga conocimientos suficientes sabrá aprovecharse de ella, y el que no analice e investigue se quedará donde estaba, en su círculo vicioso. Sólo nos tenemos a nosotros mismos, en el futuro la guerra de la libertad individual se ganará por el conocimiento diferenciador. No,  no somos todos iguales.

Los hermanos Obermayer criminalizan todo lo que huela a privacidad y diversificación internacional bajo el supuesto de que el que oculta algo es un delincuente, un corrupto o un inmoral. Lógicamente, abogan por un control mundial exhaustivo de todos los titulares de sociedades y un control a escala mundial de las transacciones financieras así como de las transmisiones patrimoniales. Propugnan el fin de los paraísos fiscales mediante sanciones y medidas coactivas del resto de estados. Sin darse cuenta, se echan en los brazos del Gran Hermano en su afán de transparencia y justicia.

Y no creemos que ese sea el camino. Al igual que con  las armas de fuego, en la industria “offshore” son los usuarios y no la herramienta lo que produce el daño. El crimen internacional no desaparecería por la simple desaparición de los “paraísos fiscales”. Y se perdería una de las claves de la libertad individual: la competencia fiscal, la capacidad de actuar individualmente para pagar los impuestos que corresponde, pero ni uno más. Y evitando si es posible pagar por dinero ya gravado, como ocurre en los países que tienen impuesto sobre el patrimonio o sobre sucesiones.

Como bien indica el profesor Gay de Liébana, las empresas del índice bursátil español, el IBEX 35, apenas pagan impuesto de sociedades, y tienen más de mil filiales o asociadas en paraísos fiscales. La justicia fiscal no pasa pues por la supresión de los refugios fiscales sino por ordenar primero la casa por dentro. Que no nos distraigan.

En la obra de los hermanos Obermayer la denuncia es correcta, y necesaria. Pero la terapia propugnada no es la adecuada. El  mundo es grande y distinto como para que haya diversidad de políticas, también fiscales. Y gracias a ello surgen oportunidades. Lo cual es muy distinto de defraudar, robar o estafar.

En el anterior post dijimos que, milagrosamente, en los papeles de Panamá no aparecía nadie de los Estados Unidos. En este libro tampoco….¿Y porqué será?

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