Panamá: papeles, fantasías e ingenuos

El escándalo “offshore” está servido con los papeles de Panamá. Los periodistas andan ocupados llenando columnas y más columnas de cualquier historia profusa de términos como “paraíso fiscal”, “empresa offshore”, evasión de capitales, blanqueo, delincuencia de cuello blanco, despachos jurídicos corruptos, entramados empresariales ficticios, y así hasta el fin del mundo.

La realidad es que gran parte de la tinta escrita se regodea en enumerar una y otra vez los nombres de personajes públicos y mandatarios “pillados” (ay! cómo nos puede ese sesgo ibérico por el chisme !!) con una pasmosa y poco ética presunción de culpabilidad que no tiene otra intención que la de calentar a las masas, como si así se ajustasen cuentas frente a las penurias cotidianas del ciudadanito de a pie.

No todo lo publicado es “casi basura” o pura especulación. En “La Vanguardia” de ayer, en  Barcelona (ESP), dos artículos resultan ejemplarizantes: el de J Luna en tono muy jocoso quitándole importancia al tema ante la hipocresía que supone  figurar que ahora descubrimos estos tejemanejes como una gran novedad ya que o se sabe o se supone que estas cosas suceden en el mundo de hoy, y en el de siempre. Y sobretodo el de A. Puigverd, quien tras unas reflexiones interesantes, concluye que la que acabará pagando por todo este embrollo es una vez más la clase media, mediante mayor represión fiscal. Que visión!

Al igual que con la crisis todos aprendimos en cuestión de días lo que era la prima de riesgo, también ahora todo el mundo podrá opinar sobre jurisdicciones “offshore” y sobre qué montaje es mejor para eludir impuestos: qué agradable será poder conversar con la pescadera o el taxista sobre si es más recomendable una fundación en Panamá, una IBC en las Islas Vírgenes o un buen trust en Niue, o  Nauru, depende.

La documentación publicada es inmensa y dará para mucho tiempo de estudio concienzudo por parte de los periodistas de investigación.  Aunque me temo que cuando pase de moda el tema irán a por otra noticia reciente y dejarán de leer e-mails de hace doce años. Como siempre, veremos dentro de un tiempo en que ha parado todo el escándalo, como pasó con el amigo Falciani o con Snowden. Mientras tanto, el Ministro de Hacienda y otros colegas suyos de países vecinos se han vestido la capa de Drácula y andan amenazando que van a investigar a todo hijo de vecino por si detectan alguna implicación de quinto orden con algún pariente lejano de los que han salido en las listas. Obama, por su parte, también está  indignadísimo y jura acabar, ahora sí, con la lacra de los paraísos fiscales, aunque no sabemos si empezará por Delaware, Nevada o Wyoming. Por cierto: ¿no hay norteamericanos en los papeles de Panamá?

Por último, hay un aspecto que llama poderosamente la atención. Además de la fantasía especulativa derrochada por el gremio periodístico, resulta del todo inconcebible la ingenuidad de los aparecidos en los documentos. ¿Cómo es posible que personas políticamente expuestas (PEP) o figuras públicamente conocidas como deportistas, aristócratas y famosos no tomasen las más elementales precauciones de manual?  Algo tan sencillo como un testaferro, a fin de que no apareciesen los verdaderos beneficiarios últimos en las estructuras corporativas creadas.

En este blog, en donde hablamos del PT, y desde el cual no alentamos a ningún tipo de actuación fuera de la legalidad, hemos recalcado siempre que la primera virtud del PT  es el perfil bajo, el anonimato, la discreción, el pasar desapercibido.  Personajes famosos, políticos y mandatarios no encajan en el rol de PT, y por ese motivo el mundo offshore no es para ellos, y lo cierto es que hay fórmulas legales para proteger sus activos y minimizar las cargas fiscales  (no para evadir impuestos, que es indecente). La conclusión es que han pecado de exceso de confianza o han estado mal asesorados. En este sentido el prestigioso bufete Mossack-Fonseca, y  sus asociados locales, han pecado de imprudencia y de negligencia ante sus clientes. Y han dañado la reputación de un país que pudiera muy bien ser un ejemplo para otros en cuanto a fiscalidad soportable.

Quien va a sufrir también las consecuencias de todo este embrollo va a ser la banca privada, que aparece como colaborador necesario del desaguisado. Si algo les faltaba a los HSBC, UBS, ….,  de turno es esto: otra crisis. Es decir, que si tenemos algún pequeño tesoro que ocultar….. mejor fuera del banco.

 

 

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