Diseña tu país ideal y huye de la tormenta perfecta

Termina el año 2015 y desde luego no podemos decir que haya sido un año fácil en ningún sentido. Desde los primeros (Je suis Charlie) atentados de París a los últimos (Je suis Paris) a la cruel guerra, otra vez, en Oriente Medio, la generalización del terrorismo y esa creciente inseguridad ciudadana que todos vivimos en nuestro día a día. Un sinfín de razones que nos lo ponen todo cada vez más complicado, a los de a pie.

En estos últimos meses del año se agolpan, además, las elecciones. Suiza se ha pronunciado por un partido ultraconservador temerosa de los embates inmigratorios en un país pequeño y muy celoso de su identidad y logros. Argentina prepara un cambio de rumbo tras el peronismo agonizante de la saga Kirchner que ha devastado (de nuevo) el país. Se preparan unas reñidas elecciones en Estados Unidos y también en España, la cual afronta unos momentos extremadamente delicados de autodestrucción de sus valores combinada con una latente ruina económica, fruto del suicidio político que se inició con el aznarismo y prosiguió con la crisis y los gobiernos socialistas, mediante una endiablada cadena de decisiones erróneas.

La crisis entre Rusia y Turquía, combinada con el polvorín de Oriente Medio y las tensiones geopolíticas entre China y Estados Unidos en el mar de la China acaban de perfilar lo que puede ser una tormenta perfecta, ante la cual la primera reacción de los gobiernos será hacer un llamamiento al sacrificio de los ciudadanos, afectando invariablemente a su libertad y a su fiscalidad. Por supuesto antes de solucionar nada.

La sucesión constante de gobiernos surgidos de las nuevas elecciones van a cambiar poco o nada todo este tablero de juego mundial. No queda otra que diseñar nuestro país ideal, aquél en el que exista menor riesgo – puesto que en todos existe – de que las decisiones de unos gobiernos constreñidos por la deuda, el populismo desmedido y la obsesión por controlar a sus súbditos afecten a nuestra libetad y a nuestra economía.

He aquí una primera lista de exigencias para ir afinando el retrato:

Debe ser un país pequeño, lejos de las grandes potencias.
Debe ser un país neutral, que no forme parte de los grandes bloques
Debe ser un país con seguridad jurídica de larga tradición
Debe ser un país donde se respete la propiedad privada
Debe ser un país que controle sus fronteras y garantice su modelo de calidad de vida
Debe ser un país con un gobierno pequeño, manejable, que pueda ser controlado por la población mediante un sistema político asequible
Debe ser un país con poco o ningún gasto militar
Debe ser un país que no ordeñe fiscalmente a sus ciudadanos, y a ser posible con fiscalidad territorial (sólo se paga por los rendimientos dentro de la frontera)

Debe ser un pais en el que el emprendedor lo tenga fácil, de verdad
Debe ser un país con cultura de esfuerzo y de ahorro
Debe ser un país con civismo y valores sólidos, que cosan el tejido social
Debe ser un país que sepa cuidar de sí mismo y no se meta en los asuntos de los demás.
Debe ser un país que, por supuesto, respete los derechos humanos.

Aún existen países que reunen la mayoría de esos requisitos. Pero ni Estados Unidos, ni China, ni Rusia, ni la vieja Europa (a excepción quizá de Luxemburgo y Suiza) no se cuentan entre ellos. Hay brillantes promesas en Latinoamérica y en Asia (Singapur ya es casi uno de ellos) pero son escasos. Y desde luego España se encuentra cada vez más a la cola, lamentablemente.

Feliz búsqueda.

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