Residencia y domicilio: la Segunda Bandera

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La que denominamos Segunda Bandera de los PT’s, la de la residencia y el domicilio ofrece muchas alternativas, pero es tan imprescindible como la primera. Como principio de partida, todo PT debe obtener un permiso de residencia en un país distinto al de su nacionalidad (o ciudadanía), es decir, de donde tiene pasaporte. Si nos remontamos a los primeros escritos de Harry Schultz, en su teoría de las tres banderas, la residencia debe ser en un lugar que tenga las características de un paraíso fiscal para personas físicas.

Años más tarde, allá por los años 80, cuando se encontraron Harry Schultz y W. G. Hill, el primero había manifestado ya en diferentes escritos que disponer de una residencia oficial podría no ser necesario ni tan siquiera recomendable, ya que hasta el mejor paraíso fiscal puede cambiar sus reglas. Hacia 1985 se había posicionado totalmente a favor de que ningún gobierno tuviese su registro. Tras su experiencia de 25 años como PT, concluyó que el único momento en que se precisa contacto con un gobierno es aquél en el que expiden tu pasaporte. Una vez obtenido, ya se puede abandonar con presteza el país en donde se ha obtenido.

Residencia y domicilio son dos conceptos que son fundamentales en nuestra relación con Hacienda, ya que en función de dónde provienen nuestros ingresos y de nuestro lugar de vida habitual determina la cantidad de impuestos a pagar. Cada país tiene definido en su legislación fiscal los criterios para determinar si una persona, nacional o extranjera, debe considerarse residente, y por tanto residente fiscal, en ese país. En España, por ejemplo, Hacienda considera residente fiscal, y por tanto sujeto obligado tributario, a todo aquél que permanezca más de 183 días en territorio español, pero también a todo aquél cuyo principal núcleo de actividad económica esté en España. Dado que lo primero es actualmente complejo de comprobar en el espacio abierto europeo, Hacienda prefiere centrarse en lo segundo, es decir en investigar de dónde provienen realmente nuestros ingresos.

Es posible cambiar de residencia, e incluso documentarlo adecuadamente para demostrarlo ante Hacienda, pero son bien conocidos los casos de famosos deportistas, actores y cantantes que sólo residían en Andorra, Mónaco o Suiza sobre el papel, y eran constantemente aireados por los medios paseándose por España. Debemos partir siempre de considerar la inteligencia del adversario, en este caso nuestro derrochador gobierno, y por tanto, cuando abordemos un cambio de residencia éste debe ser real y demostrable, no hay otro camino.

Como ya puede fácilmente suponerse, dejar de ser residente en nuestro propio país, y dejar de presentar la “querida” declaración de Renta no es sencillo. Las autoridades fiscales te consideran por defecto residente hasta que no se presente un certificado emitido por las autoridades fiscales del nuevo país al que nos hayamos trasladado, en el que se acredite que somos residentes efectivos y que pagamos impuestos allá. Aún y así, la legislación establece claramente que si el país de destino se halla en la lista de paraísos fiscales establecida por la propia ley, la obligación de tributar se extiende hasta cinco años después de haber abandonado España.

Por este motivo, el plan del Dr. Hill no es tan sencillo. Propugna no residenciarse en ningún país y adoptar el status de turista no permaneciendo más de tres meses en el mismo país. Si ningún gobierno nos registra en sus archivos, habremos alcanzado el óptimo perfil bajo tan deseado y desapareceremos de todas las bases de datos.

Considerando las posibilidades reales, es posible residenciarse en otro país con un tratamiento fiscal más favorable que España, la cual está empezando a alcanzar la barrera de los impuestos confiscatorios en lo que a clase media se refiere, como podría ser Irlanda, Bulgaria, Letonia o Portugal, ninguno de ellos paraíso fiscal según la ley actual. Y, claro, ello implica marchar a vivir, trabajar y estar en ese país los períodos necesarios para justificarlo adecuadamente. A continuación, una vez obtenida la documentación y superado el escollo de la obligación de seguir tributando durante cinco años, ya es posible trasladar la residencia a un auténtico paraíso fiscal de personas físicas como Mónaco, Andorra o Bahamas. O simplemente dejar de rellenar impresos e iniciar nuestra vida seminómada de turista perpetuo, siempre y cuando dispongamos de una ocupación virtual que nos procure el sustento…. O vivir de renta..

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